domingo, 8 de febrero de 2015

Manuel Malaver: Maduro y su atracción fatal por Samper

No hay dudas, Maduro quiere, admira, confía, estima y, decididamente, siente una atracción fatal por el expresidente colombiano, y presidente de UNASUR, Ernesto Samper.
Tanta, que hay que aseguran que, si bien no le sugirió su candidatura para presidir la multilateral a su colega, Juan Manuel , en cuanto este se la propuso, se convirtió en su más entusiasta y activo promotor. Quizá no lo conocía personalmente, ni se había acercado al abismo que significó su ejercicio presidencial y casi destitución de la primera magistratura de , pero hay un que debió resultarle irresistible: Samper enfrentó de los embates de Estados Unidos por privarlo de legitimidad y lograr que el pueblo colombiano, y sus instituciones, lo ejectaran del poder bajo la acusación de financiar su campaña con dineros del narcotráfico.
Foto: Prensa Presidencial

Un escándalo que lo crucificó durante los cuatro años de su mandato (1994-1998), que prácticamente no le dejó tiempo para ocuparse de ningún otro tema, y que refractó de nuevo a las fuerzas que dentro del continente luchan por gobiernos decentes y al margen de ilegalidades y los que sostienen que la lucha por la igualdad y contra las injusticias sociales bien valen un noviazgo, y hasta un matrimonio, con la maldad.
Puede decirse que la “Guerra Fría” confrontó a un nivel planetario, casi cósmico, estas dos posiciones: los que están a favor del progreso social en libertad, democracia y sin apartarse del estricto marco de la constitución y las leyes; y quienes sostienen que igualdad y justicia social son incompatibles con la libertad, la democracia y el estado derecho, y pronunciarse a favor de las segundas, equivale a barrer con las primeras.
Todos conocemos -porque lo vivimos- que el desiderátum se resolvió a favor de la libertad, la democracia y el estado de derecho y que los noventas del siglo pasado se iniciaron con el colapso del comunismo y la disolución casi en silencio y sin disparar un tiro del imperio soviético que por 65 años trató de imponer una de las estafas más siniestras y atroces de la historia.
Arrase que, justamente, por dar la impresión de totalidad y ocurrir en un contexto en que no eran previsibles las réplicas, permitió que sobrevivieran retoños o bolsones que, en menos de una década, volverían a desenterrar el hacha de la guerra y retrotraer la sociedad a la barbarie que, se pensó, había quedado atrás.
El primero –en orden de aparición- fue el narcotráfico, y en especial, el derivado de la siembra, procesamiento y refinación de la hoja de coca que destila cocaína, por razones geográficas, climáticas y culturales anclado en Sudamérica, y particularmente, en Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia, y que, en stricto sensu, ha sellado la política y la economía de la subregión en las últimas tres décadas.
En segundo, el fundamentalismo islámico, surgido en el Medio Oriente, a consecuencia del choque entre la modernidad y la arcaícidad que sobrevivió a la caída del Imperio Otomano y se niega a cualquier progreso hacia la libertad y la democracia en la región, deviniendo en una amenaza, tanto para la cultura musulmana, como para la civilización occidental.
Y, last, but not least, los residuos, remanentes o náufragos del socialismo radical, fanáticos que se negaron a aceptar que la utopía marxista era inviable, y, por tanto, se había pulverizado, y se dedicaron desde algunos enclaves no extintos como Cuba y Corea del Norte, a esperar a que la historia les diera otra oportunidad.
Sería largo explicar cómo narcotráfico, fundamentalismo y socialismo se han cruzado, entrecruzado, agregado, desagregado, unido y separado en las últimas dos décadas, y siempre en el entendido de que luchan por destruir la libertad, la democracia, la pluralidad y el estado de derecho, e imponer un modelo de salvajismo político, económico y social que permita el regreso a la autoridad, centro o dios único, sea caudillo, califa, partido o religión.
Con expresiones no siempre ortodoxas, fijas y dogmáticas, sino hetero, híbridas y ambiguas, como puede verse en la guerrilla de las FARC en Colombia que, de una organización política y militar que luchaba por el socialismo, devino en un cartel que trafica con cocaína, o le cobraba a los carteles de Cali, Medellín, Norte del Valle y la Goajira por la prestación de servicios de vigilancia y protección de sus operaciones.
O la revolución chavista en Venezuela, que de una propuesta socialista, nacionalista y bolivariana, derivó en una dictadura militar, totalitaria y represiva e idealmente programada para hacer alianza con sus pares suramericanos, y del Oriente Medio.
Los primeros, llegaron con sus alianzas con los gobiernos de Bolivia, del Ecuador y las FARC, y los segundos, con alianzas con los gobiernos de Irán, y Siria y exigiendo apoyo a terroristas como Hizbolá, Al Qaeda y Hamas.
De esos lodos viene, Ernesto Samper, quien, a pocos días de asumir la presidencia de Colombia, fue acusado por el Fiscal General, Alonso Valdivieso, ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, “de haber recibido dineros del Cartel de Cali para el financiamiento de su campaña electoral”, cargos que, posteriormente, serían ratificados, primero, por el tesorero de la campaña, Santiago Medina; y segundo, por el ministro de la Defensa, Fernando Botero Zea.
Se trata del llamado “Proceso 8000” que, si bien concluyó el 6 de julio del 96 con una absolución de Samper en la Cámara de Representantes, permitió hincar a fondo en los nombres de políticos e instituciones que venían siendo penetradas y financiadas por la narcotráfico desde los 80, y actuando, objetivamente, como sus empleados y cooperantes.
Y de esos lodos -si no iguales, muy parecidos- viene también Maduro, quien, habiendo recibido la unción del difunto presidente Chávez, fue electo a la primera magistratura el 14 de abril del 2013, y hoy ve como su segundo al mando, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, es acusado por un capitán de Corbeta, Leamsy Salazar -acogido al programa de protección de testigos de la DEA- de ser el jefe del “Cartel de los Soles”.
En otras palabras, que días tenebrosos, especialmente crueles y atroces esperan a Maduro y Cabello, pues, si bien no cuentan con el acoso de los poderes públicos venezolanos que prácticamente los secundan en sus ilicitudes, si tienen enfrente a una administración de justicia como la norteamericana, y las que, adscritas a la actual orden jurídico internacional, se les irán sumando.
Hay mucha cocaína procedente de Venezuela rodando por el mundo, de la cual, los decomisos son apenas el 10 por ciento del total, como las cinco maletas que fueron incautadas el jueves en el aeropuerto Las Américas en Santo Domingo, República Dominicana; o los 1384 kilos que fueron embarcados la tarde de 11 de septiembre del 2013 en un avión de Air France rumbo a Francia; o los 1400 de la avioneta “Bombardier Global” que el 2 de agosto del 2012 salieron del aeropuerto Arturo Michelena de Valencia, estado Carabobo, para Las Canarias; o los 1400 kilos que el 30 de agosto del 2011 salieron de La Carlota hasta arribar al Cabo San Román, en el Estado Falcón; o los 5.000 kilos que en una fecha lejana, el 1 de diciembre del 2006, se le enviaron a México, vía aérea, al jefe del cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”.
Y así, tanta droga enviada a África y Asía, y todo bajo la mirada complaciente, o neutral, de unas autoridades que, desde que tomaron el poder, descubrieron en las ilicitudes, no solo un método para corromper, sino también para chantajear.
Igualmente, un arma fulminante y letal en la “Guerra Asimétrica”, pues, sin disparar un tiro, ni invertir en ejércitos, con el auspicio y promoción del consumo de cocaína en Estados Unidos y las democracias occidentales, puede esperarse que la juventud, y su liderazgo político y militar, estén al poco tiempo fuera de combate.
Y un excelente negocio, mejor que el petróleo, ya que los precios (por la prohibición) nunca bajan, y transcurre al abrigo de miradas indiscretas como los ministerios de Finanzas, los Bancos Centrales y los cobradores de impuestos.
Pero todo eso si, de la otra parte, los enemigos, no están sobre alerta, y preparados para tomar la ofensiva, como puede estar sucediendo con la presencia en las oficinas de la DEA en Washington del teniente de corbeta, Leamsy Salazar, quien, puede tener la información necesaria para que Maduro y Cabello empiecen a vivir su “Proceso 8000”, pero internacional.
Coyuntura en la cual, nada más apropiado que tener a su lado, asesorándolos, dándoles ánimo, a un general trisoleado como Ernesto Samper, “el cual derrotó al imperialismo yanqui” pero no con cañones, ni aviones, ni misiles, sino permitiendo que los carteles de Cali y Medellín “blanqueran” al imperio con cientos de miles de toneladas de cocaína.
Y no fue preso, ni destituido de la presidencia de Colombia y ahora está presidiendo la UNASUR como para que los gringos entiendan que los tiempos han cambiado y sus enemigos controlan no uno, sino bloques de países.
¿Será? Porque el último año, y en especial, en los últimos meses, lo que estamos viviendo es una disolución del castrochavismo, su remisión al basurero de la historia, con el gobierno de Cuba pactando con Estados Unidos, la OEA y la CELAC desmarcándose de los narcoestados, y quien sabe si hasta la UNASUR pensando en diferenciarse y dejando a su suerte a los “al margen de la ley” que no se resignan a aceptar que sus días están contados.
Y si no, pregúntenle a Raúl Castro, Putin, Al Assad, Al Qaeda y el ISIS.
@MMalaverM

Manuel Malaver
Maduro y su atracción fatal por Samper
Diario de Caracas. Caracas, 8 de febrero de 2015
 

sábado, 7 de febrero de 2015

José Domingo Blanco Mingo: Venezuela tiene rostro de mendigo

“Si en este momento, por un azar infortunado del destino, los precios del petróleo llegaran a bajar de una manera importante en el mercado mundial, Venezuela sería un caso para la Cruz Roja Internacional. Aquí vendrían a repartir sopas en las esquinas. Venezuela es un país políticamente muy inmaduro. Un país, además, que tiene un grave peligro: un país que no sabe cuáles son sus debilidades. Que no conoce muy bien cuáles son sus flancos débiles. Que no está haciendo nada para reforzarlos o prevenir cualquier catástrofe. Estamos viviendo, felizmente, una vida de parásitos. El problema fundamental, el problema central de Venezuela, el que debería ser tema de enseñanza y reflexión en todos los sectores, es que este es un país vulnerable. Este es un país improductivo. Si algo presenciamos, es el fin de las ideologías. El mundo estuvo envenenado de ideologías hasta ayer. Hoy en día no hay propuestas mágicas. Hoy en día no hay sino trabajo, producción y organización. No estamos discutiendo la viabilidad de un proyecto nacional”.
Las palabras del párrafo anterior pertenecen al doctor Uslar Pietri. Esta, una de sus tantas intervenciones, encerraba una advertencia: la necesidad de dejar la dependencia de la renta petrolera. Cuando lo escuché de nuevo, me pareció premonitorio. El precio del petróleo bajó. Y aunque es verdad que aún la Cruz Roja no ha llegado a nuestras esquinas para repartirnos la sopa; las colas inmensas en automercados y farmacias son el reflejo de esa mendicidad que nos está invadiendo. Bajaron los precios del petróleo, el Estado está quebrado, desmanteló el sector productivo y acabó con la empresa privada. Somos testigos de la quiebra de un país que un día disfrutó la bonanza más grande de la historia; pero donde sus habitantes somos cada vez más pobres. Las colas, interminables y absurdas, son nuestra Cruz Roja, porque son las que nos garantizan que, con algo de suerte, conseguiremos los ingredientes para prepararnos el plato de sopa.
En todos los regímenes comunistas los líderes terminan con los bolsillos abarrotados y sus arcas llenas; mientras mantienen al pueblo como borregos, con un lavado de cerebro permanente, obedeciendo los dictámenes del tirano de turno. El pueblo pasa a ser el mendigo del sistema, hambriento de dádivas, porque solo de esa manera un régimen opresor puede mantenerse en pie. Por algo Fidel amaba a las masas. Las masas no tienen criterio, no piensan, no son racionales y obedecen solo a sus instintos primitivos. Cuando la gente está en las colas buscando comida, o un medicamento, o artículos para la higiene ¿a qué está obedeciendo? Pues, a los instintos básicos de supervivencia. Pero, ¿cuánto cuesta un kilo de dignidad? En esas colas ya no solo está el pueblo olvidado, ese al que Chávez “empoderó” e hizo visible. Ahora está toda Venezuela. El país está en las colas. Y el gobierno, mientras, esconde la basura debajo de la alfombra: manda a hacer las filas en los sótanos del Bicentenario, en un intento por ocultar una realidad imposible de tapar. La fe en los rostros de los venezolanos de hoy es la esperanza por conseguir un lavaplatos, un kilo de azúcar o un litro de leche, porque a eso nos lleva la cola: a la esperanza de conseguir lo que necesitamos para garantizar el sustento de nuestras familias. Y esa es la gente, es ese pueblo que está en las colas al que Maduro debería temerle. Porque son ellos, y no Obama, quienes exigirán el cambio de rumbo y de conductor…
El chavismo agravó lo que pretendía corregir. Chávez acabó con lo que, en algún momento, pudo haber sido un gran país. Tuvimos la bonanza petrolera para serlo. Pero se la robaron y despilfarraron. Se la regalaron a los Castro y se las depositaron en sus cuentas personales. De ello, pareciera no haber ninguna duda. Estamos como nunca en nuestra historia: quebrados, pobres y ranchificados. Nos volvimos una tierra indómita y salvaje a merced de malandros, ladrones, narcotraficantes, secuestradores, estafadores y timadores de oficio. Vivimos la imposición de los antivalores como parámetros moralmente aceptados y avalados desde el régimen. Son las nuevas pautas de “buena” conducta. Pero, ¿acaso se puede esperar otra cosa de un régimen que expropia, y toma por la fuerza lo que no le pertenece, en nombre del pueblo, para luego exprimirlo –como un parásito– hasta volverlo inservible? El éxito es un pecado mortal. La mediocridad se premia. La pobreza y el parasitismo se ensalzan.
Hace poco fue 4 de febrero. Y a propósito de la fecha entrevisté a Carlos Guyón, quien, entre otras cosas, contó que en principio él y Jesús Urdaneta eran quienes tenían la misión de tomar Miraflores. A última hora, Chávez cambió la orden: el propio Hugo Rafael sería el encargado de tomar Miraflores. Guyón no sabe si ya, para ese entonces, Chávez era una ficha de los Castro y había logrado –previo cobro de honorarios– la triangulación entre la Cuba comunista de los Castro y la guerrilla colombiana. El resto, ya es historia. Chávez fracasó en su intentona –el único que no logró el objetivo– y después llegó al poder por la vía electoral, con la promesa engañosa de acabar con la corrupción y hacer de Venezuela una potencia. Por más que se afanen en esconderlo, es más que notorio y evidente en las deplorables condiciones en las que Chávez dejó el país ¡y lo bien que lo ha hecho su sucesor en continuar y superar su obra! Venezuela luce hoy rostro de mendigo.


José Domingo Blanco Mingo
Venezuela tiene rostro de mendigo
El Nacional. Caracas, 7 de febrero de 2015

Manuel Aguilera: La película chavista

Si algo he aprendido en más de 25 años de actividad periodística es que la realidad supera la ficción en muchas ocasiones, pero también que los acontecimientos son casi siempre más aburridos de lo que se nos presentan en la películas.
He reflexionado sobre ellos porque escuchando a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez da la sensación de que la vivimos no ya en el Show de Truman, sino en un filme de espías al estilo James Bond.  Acusaciones de magnicidio, conspiraciones, envenenamientos, golpes de Estado, envíos de armas… Cualquier disparatada idea vale para defender lo indefendible, para ahuyentar la más mínima crítica, para alejar la posibilidad de que el país pueda ser gobernado por alguien que no esté tocado por el dedo divino de Hugo Chávez.
Por el hecho de elaborar una información basada en el testimonio del exescolta de Diosdado Cabello, Leamsy Salazar, en la que se afirmaba que  Hugo Chávez habría muerto el 30 de diciembre de 2012 en Cuba  y no el 5 de marzo de 2013, DIARIO LAS AMÉRICAS, y su propietario, Nelson Mezerhane, se han transformado en el epicentro de un terremoto conspirativo para acabar con el régimen de Maduro.
“Miami y los Estados Unidos se han convertido en un refugio de ladrones”, vociferaba Jorge Rodríguez. Sin duda, el alcalde de Caracas estaba manifestando un deseo pero es poco creíble pensar en que todos los venezolanos que han llegado al sur de la Florida sean delincuentes y prófugos de la ¿justicia? bolivariana. Más bien son perseguidos políticos y familias honradas que buscan una oportunidad para prosperar y tener una vida digna. Qué curioso que estos argumentos de satanizar a los exiliados sean los mismos utilizados por el castrismo años atrás.
Si el primer exabrupto era una película de policías y ladrones con las víctimas convertidas en verdugos y viceversa. La segunda se puede enmarcar en el terreno de la fantasía y el humor. Para los deslenguados chavistas, Nelson Mezernane es un "ladrón que robó incluso a los empleados de su planta televisiva de Globovision (…) y trató de robarse el teleférico y los terrenos municipales entre la Avenida Andrés Bello y la Avenida libertador [en Caracas]”.  
Me provoca una carcajada imaginar a Mezerhane corriendo por Caracas con un teleférico al hombro y a la Guardia Nacional persiguiéndole. Pero en seguida recuerdo la realidad de un envalentonado Hugo Chávez expropiando a diestra y siniestra dentro de su locura megalómana.
Diosdado Cabello, por su parte, parece que desayunó esta semana con Citizen Kane de Orson Wells. “A los señores del [diario español] ABC, DIARIO LAS AMÉRICAS y [el diario venezolano] Tal Cual, deben demostrar todo lo que están diciendo, sino quedarán como lo que son, falsos”.  Siento contradecirlo porque quien tendrá que demostrar que no es el capo del Cartel de los Soles es el propio Cabello después de que un estrecho colaborador suyo le ha acusado directamente.
No se trata de deformar los acontecimientos para ofrecer al público una película que puede llegar a ser tan disparatada como para afirmar que a Chávez le inocularon un cáncer desde las entrañas del “imperio”. La realidad es mucho más sencilla.  Señores Maduro, Cabello y Rodríguez, dicen que la mentira tiene las patas muy cortas. Ustedes ya han llegado demasiado lejos.



Manuel Aguilera
La película chavista
Diario Las Américas. Miami, 7 de febrero de 2015