jueves, 10 de julio de 2014

Luis Pedro España: ¿Qué debe hacer la oposición?


Recordemos algo que podría resultar pedagógico en este momento. La Unión Soviética no se derrumbó gracias a la política exterior de la ultraconservadora administración de Ronald Reagan. La reforma y posterior caída de todos los sistemas políticos y económicos de la Europa del Este fue producto de procesos internos, de inviabilidades acumuladas y la necesidad de reacomodos, que al principio trataban de ser cambios para que todo siguiera igual (como siempre tratan de hacer quienes ocupan el establishment), pero que terminaron en verdaderas debacles que transformaron sus realidades hasta modificarlas por completo.

El ejemplo puede que no sea del agrado de mucho compatriota que supone que su simple hastío, su presumida superior consciencia o el desespero por ver que el tiempo pasa y no termina de ocurrir el “final feliz” a que aspira, debería propiciar un estado de cosas que, sin saber muy bien cómo se desencadena, o creyendo tontamente que sí lo sabe, no entiende por qué la oposición “no-hace-algo” para que termine esta situación.

Los creyentes en las salidas, que se califican de mágicas porque en ellas no existe la adecuación de medios a fines, o de existir es poco menos que voluntarista, ven con desespero que el cambio en Venezuela no puede venir sino de dentro hacia fuera o de abajo hacia arriba. Suponen, creen o aspiran, que una acción decidida, valerosa probablemente, de alguien que hable claro, que se parezca a ellos mismos para estar seguros de que es de su bando, culpabilice como es debido, se desgarre en verbo encendido, y sea quien se convierta en el agente de cambio del país. No, las cosas no funcionan así.

La oposición, no importa a cuál de ellas nos refiramos, no puede por sí sola (subrayo esto último) superar este estado de cosas. Ni unida, ni con posición adelantada, ni desde los liderazgos emergentes, ni creando sus propios mártires. El país necesita algo más que líderes o gente con guáramo para alcanzar los cambios. El país necesita aprendizaje colectivo y ese es el que estamos viviendo por estos días.

La mala noticia es que los aprendizajes sociales son muy dolorosos, la buena es que necesariamente no son tan lentos. Su acorte depende de lo que haga la oposición. Los líderes pueden acortar ese sufrimiento por medio de su capacidad de persuasión y convencimiento. Mi admiración para esos líderes de la oposición venezolana que lograron que 49% de los compatriotas creyeran en la necesidad del cambio a pesar de tanto gasto populista y medidas irresponsablemente electoreras que, reveladas recientemente con el desparpajo de la carta de un exministro, trataron de hacer ficción de la verdadera situación del país, engañando por lo tanto, al 51% restante.

Lamentablemente, este cambio de preferencias, este deseo de transformación política, no fue suficiente. Tendrá que ser la realidad, aunque no solamente ella, la que ayude y termine por convencer a la fracción de aquellos que empecinadamente, por miedo, desconocimiento o simple utilitarismo, no cambiaron en el pasado y hoy, ante las evidencias prácticas de lo inviable, deberán ser convocados nuevamente por líderes que canalicen y aceleren el aprendizaje colectivo que estamos viviendo en forma de inflación, desabastecimiento, ineficiencia generalizada, injusticia e inseguridad.

Para lograr eso la oposición debe denunciar y proponer a la vez. Debe estar cerca y al lado del venezolano que sufre, pero que no sabe muy bien cuál es la causa de su sufrimiento. Tiene por deber explicárselo. Las posturas mesiánicas más bien la alejan del segmento que debe convencer. El “yo te lo dije” o “admite que te equivocaste” es una innecesaria humillación de quien desea más venganza que futuro. Atentar contra sus seguridades y consensos, pueden que aún vivos, solo apartará a una parte del pueblo a entender por qué las buenas intenciones de sus antiguos líderes no solo no eran tales, sino que además son las responsables de todas las calamidades actuales.

Tan inadecuado es suponer que solo en 2019 pueden producirse los cambios, como sentenciar que necesariamente debe ser antes. La oposición debe estar preparada para todos los escenarios, sin aferrarse a uno solo. Lo anterior no es contradictorio. Porque no hay forma de saber hasta dónde puede llegar la insensatez gubernamental o los cambios que vienen por dentro, es que debe estar lista para responder a lo que será la evolución de este sexenio y, a la vez, propugnar por una nueva gobernabilidad democrática, escogiendo el medio que lo garantice.

Si cada quien desde su trinchera, partido o responsabilidad de gobierno local, opta por la pedagogía y la aproximación al pueblo víctima de la crisis social, bien en el tiempo establecido, o en aquel que adelanten los acontecimientos, ocurrirá el cambio que el país tanto necesita.


Luis Pedro España
¿Qué debe hacer la oposición?
El Nacional. Caracas, 10 de julio de 2014

Thays Peñalver: ¿Botarán las plumas?

Lo que está pasando con los medios de comunicación, amerita una explicación, al menos a mis lectores. Nacido junto con la dictadura de Gómez, El Universal soportó estoicamente 66 años de dictadura, 2 revoluciones, 11 crisis financieras, burbujas y quiebras de los mercados financieros pero la verdad, es que la crisis internacional de los medios de comunicación, tenía al coloso de la Urdaneta contra las cuerdas. Verá amigo lector, los medios de comunicación (impresos y de señal abierta) tal como fueron concebidos y posteriormente modernizados en el siglo XX, sucumbieron a las nuevas tecnologías. La explicación es muy sencilla, en el siglo XX un periódico ganaba por la venta del tiraje, por la publicidad en sus páginas y por los clasificados.

Pero el advenimiento de Internet, trajo como consecuencia el surgimiento de compañías especializadas en anunciar vehículos, casas y los portales de compra venta de bienes y servicios arrasaron con los clasificados. El mercado lógicamente cambió porque a los "medios que existían" se les agregaron el cable, compitiendo con la señal abierta y el Internet, lugares al que se fueron buena parte de los clientes de mayor poder adquisitivo. Es muy sencillo, si usted quiere vender un carro va a preferir anunciarse, donde están los potenciales clientes, haciendo que las compañías que querían anunciarse, migraran lógicamente en busca de esos clientes.

El drama es de tal magnitud, que en Estados Unidos los ingresos de los periódicos pasaron de 65 billones de dólares en 1999, a 17 billones en el 2013 (Asociación de Editores de periódicos de EEUU) y ajustados a inflación sus ventas están por debajo del periodo de la posguerra en los primeros años de los 50's. Para que usted entienda lo que está pasando, los ingresos de Google por concepto de publicidad duplican el de todos los miles de medios impresos en Estados Unidos (Google 2012, pág. 72). Y eso ocurre en todas partes del planeta, por eso usted ve cosas que en el siglo XX le parecerían insólitas como el hecho de que canales de televisión como Radio Televisión Española (RTVE) RTVE, se encuentre "al borde de la quiebra" luego de años de números rojos. (El Mundo) y que la crisis editorial tenga a casi todos los grandes grupos multimedia españoles altamente endeudados o en números rojos (Campos et al, 2010).

Súmele a esto amigo lector, el drama venezolano, en el que cada noticia económica de El Universal, no solo traía como consecuencia la andanada de amenazas de distintos sectores, sino que repercutía directamente en las finanzas de los medios. Porque decir que 490 mil empresas cerraron en 16 años, no era otra cosa que 490 mil empresas dejaron de pautar clasificados y de pautar publicidad. Explicar que 4.300 grandes empresas cerraron en una década, que las líneas aéreas cierra vuelos o que la industria automotriz está en el suelo, no era otra cosa que decir que se acabaron los grandes modelos publicitarios y eso va a continuar así durante algunos años más.

Por eso El Universal apostó lógicamente a su nicho de mercado. A la fidelidad de sus lectores y la forma en la que sobrevivió fue creando un aparato multimedia importante destinado a usted. Es pues usted, el lector de "El Universal", al que está destinado el modelo editorial vigente que alcanzó el cuarto de millón de lectores y los cerca de 2,8 millones de lectores diarios fieles en Internet mensuales. ¿Quiénes son ustedes? Pues muy simple, 96% tiene acceso a Internet, proviene de las clases medias, tiene nivel educativo muy sobre la media y sí, la enorme mayoría de los lectores de "El Universal" se oponen a cualquier chifladura (vengan de donde venga) y desean informarse más allá de lo que les informan los demás.

Por esas opiniones, usted se enteró de todo lo que acontecía con la enfermedad y la muerte de Hugo Chávez, mientras en los medios oficialistas hablaban de "sanación milagrosa" y antes que el propio gobierno de cómo la "izquierda trasnochada" estaba cometiendo error tras error y luego de años de amenazas resulta que la "opinión libre" era la que tenía la razón. Usted se enteró de cómo las expropiaciones estaban llevando al fracaso a las empresas y resulta que pese a los medios prooficialistas, expertos en la negación absoluta, el alto gobierno nos explica hoy cómo teníamos la razón. Aquí usted se enteró de los graves problemas de producción de las empresas de Guayana y advertimos sobre el colapso económico y teníamos razón.

¿Incómodos? Sin lugar a dudas lo fuimos, lo somos y sin duda alguna lo seremos, como lo fueron las generaciones libres anteriores y como serán las generaciones libres del mañana. Pero hoy, pase lo que pase nos queda la inmensa satisfacción de saber, que el Gobierno sin tapujos, confiesa que teníamos la razón.

Pido a ustedes que me permitan una lógica dispensa por algunas semanas para enterarme de qué va y hacia dónde va todo esto (que parece ya escrito) y que Dios los bendiga.

www.thayspenalver.me

@thayspenalver

Thays Peñalver
¿Botarán las plumas?
El Universal. Caracas, 10 de julio de 2014

Diego Bautista Urbaneja: La democracia de Ramón J. Velásquez

La democracia venezolana, cuando se da, es algo producto de la acción de los venezolanos
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El fallecimiento de Ramón J. Velásquez, uno de los más insignes venezolanos de las últimas cinco décadas "se fajó con Venezuela hasta el final", como me dijo mi hermano Luis Alejandro al lamentar su muerte -esto me lleva a reflexionar sobre su concepto acerca de la democracia venezolana, esa a cuya defensa dedicó parte tan importante de su vida.

No era para él la democracia un asunto de definiciones teóricas sobre una forma de gobierno. Por supuesto que su idea de la democracia encerraba unos requisitos mínimos: partidos, elecciones, libertades políticas fundamentales, equidad social... Pero más allá de eso, pensaba que la forma práctica y concreta que debía adquirir la democracia era aquella que emanase de la historia nacional. Nuestra democracia tenia que tener -además de aquellos requisitos mínimos- esos otros rasgos que nuestra historia determinara como elementos característicos de una democracia venezolana.

Para definir tales rasgos podía Velásquez recurrir a su vasto, y sobre todo íntimo, conocimiento de nuestra historia política. No sé si había alguien que la conociera tanto y tan profundamente. Lo que esa historia decía es que en Venezuela, democracia es ante todo convivencia. Que en este país nadie cobra las facturas completas y que siempre hay un margen para el olvido fructífero de las faltas, reales o supuestas, del adversario. Que siempre hay espacio para que quepa uno más. Que es estúpido, que es antihistórico, que es antinacional, trazar líneas divisorias infranqueables.

Destino

La otra cosa que la historia le enseñaba al gran tachirense era que la democracia venezolana no es un destino predeterminado, al que el país vaya marchando dando pasos progresivos, en vista de una democracia cada vez más plena, de modo que si por si acaso hay un retroceso, se puede estar seguro de que es algo accidental y transitorio y que pronto se reanudará la marcha. No hay nada que se pueda llamar "larga marcha hacia la democracia". No. La democracia venezolana, cuando se da, es algo producto de la acción de los venezolanos concretos de cada momento. Es pues un logro sumamente frágil, pues esos venezolanos que logran instaurar algo que se pueda llamar democracia lo hacen siempre en lucha a brazo partido con factores adversos de mucha monta, productos también de nuestra historia. De allí ese otro rasgo de la democracia venezolana: su fragilidad. Por eso el camino democrático siempre se puede desandar, siempre se puede marchar en dirección opuesta. Que ello ocurra o no dependerá de lo que los hombres de cada momento hagan y nunca se podrá está seguro de cuál de las rutas predominará o si alguna va a hacerlo.

Puentecito

Cuando a Velásquez le tocó ser presidente de la República, en aquellos críticos meses de finales de 1993, definió su tarea como la de lograr que el país atravesara el puentecito de madera que lo separaba de las elecciones de diciembre de ese año. Pues bien y en realidad, se me hace que para él la democracia en Venezuela siempre estaba atravesando un puentecito de madera.

Ello hacía más ímproba e incesante la tarea de los demócratas. No había que descansar un instante en mantener en pie la democracia por los múltiples medios que la vida va ofreciendo. De allí su pasión por las pequeñas técnicas del ejercicio del poder, que enseñan cómo sostener las formas de gobierno frente a las acechanzas. Las expone en esas dos obras maestras que son Las confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez y La caída del Liberalismo Amarillo. Un buen demócrata ha de conocerlas y ahí las tiene analizadas de forma insuperable.

Convivente

Así llegamos a Ramón J. Velásquez y a cómo realizó ese trabajo en los diversos roles que la democracia venezolana le ofreció, para que pusiera en práctica esas dos convicciones: la democracia venezolana ha de ser convivente y a la democracia venezolana hay que defenderla todos los días. Convivencia y fragilidad. Si dejó de ser convivente en algún momento, si dejó así de ser democracia venezolana, no fue porque él cejara nunca en su esfuerzo de que lo fuera siempre. Si el frágil puente de madera se desprendió, o quedó maltrecho, no fue porque las manos de Velásquez dejaran nunca de repararlo o de sostenerlo con su propia mano allí donde podía.

Ya es hora de que oigamos las voces que nos envía la historia de Venezuela sobre cómo ha de ser nuestra democracia y de cuánto hay que luchar para recuperarla y para luego sostenerla, ahora que ese paradigma de amplitud y de denuedo que se llamó Ramón J. Velásquez nos acaba de dejar.

dburbaneja@gmail.com