domingo, 1 de junio de 2014

Marta Colomina: Del despilfarro rojo a 12 millones de pobres

La alta inflación, escasez, desempleo y corrupción potencian la pobreza extrema...

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Lo que leímos el 28 de mayo en diario tan responsable y serio como El Universal, no corresponde a un país africano acosado por la hambruna. Es sobre Venezuela, la misma que hasta no hace mucho era la "Arabia Saudita" de América Latina, según palabras del "pana" de Maduro, el presidente ecuatoriano Rafael Correa, a quien hoy culpa de la ruina del país. "Crisis y escasez disparan hurtos y robos de alimentos" fue titular de primera página con testimoniales que relatan los asaltos de que han sido víctimas muchos ciudadanos para robarles los alimentos recién adquiridos después de hacer grandes colas: "Una señora me golpeó para robarme 2 kilos de leche", dice una agredida. Y es que "un kilo de harina de maíz, 4 rollos de papel higiénico o un kilo de leche en polvo se han vuelto mercancía tan apetecible para los delincuentes, como un reloj de marca o quizá un teléfono inteligente", escribe Thabata Molina. Luego de consultar a numerosos venezolanos sobre sus terribles experiencias a la salida de los mercados, el diario publica un recuadro con título de "no sea una víctima" que grafica, mucho mejor que las cifras del INE, del BCV y las mentiras de Maduro, a lo que ha llegado la Venezuela petrolera bajo su mandato: "1) Cuando vaya al supermercado evite hacerlo solo. Si consigue los productos que escasean, métalos en bolsas oscuras para que nadie pueda ver lo que compró. No los exhiba, pues corre el riesgo de que alguien lo aborde para quitárselos. 2) Si toma un taxi, evite dejar las compras en la maleta del vehículo. Así el conductor no podrá huir con su mercado. 3) Cuando salga del supermercado, evite caminar largos trayectos con las bolsas (... ) porque puede ser víctima de los motorizados. 4) No estacione su vehículo en la calle y menos si la zona es solitaria o está oscura. Así el delincuente tendrá menos oportunidades de desvalijarlo. 4) Utilice todos los mecanismos de seguridad posibles para que se dificulte la apertura de su vehículo". Diariamente se reportan robos de cauchos, baterías y otras piezas.

¿Cómo es posible que un régimen que ha dispuesto en 15 años de billón y medio de dólares (es decir, un millón de millones más quinientos millardos, monto muy superior a lo recibido por los gobiernos democráticos juntos, desde Betancourt a Caldera II), no haya construido obras de vialidad, ni escuelas, hospitales, o cárceles; que ni siquiera ha hecho mantenimiento a la infraestructura y empresas heredadas de la democracia, incluidos equipos e instalaciones de Pdvsa y que, además, nos ha llevado a una ruina tan terrible como la que estamos sufriendo, hasta el punto de que somos el único país de América Latina en el que creció la pobreza en el último año? ¿Cómo entender que a 11,8 millones de personas (39%) no les alcance lo que gana para vivir, tal como revela el INE oficial, al reconocer que en el 2º semestre del 2013 un total de 9,1 millones de venezolanos no pudieron cubrir la canasta básica y otros 2,7 millones viven en pobreza crítica? Y aún peor. Según los expertos, al finalizar el 2º semestre de este año, el número de pobres puede haber aumentado en dos millones más, a causa de las megadevaluaciones de Maduro, el aumento de la escasez en más de 20 alimentos esenciales (leche y otros productos escasean hasta en un 85%) y el estallido de la inflación. El año pasado la inflación cerró en 56,2% y la de alimentos en casi 80% (79,2%). Este año ya calculan que la general podría llegar al 80% y la de alimentos al 100%. Y todo esto ocurre mientras el cínico Rafael Ramírez afirma que: "nuestro modelo económico ha sido profundamente exitoso" y el ministro Héctor Rodríguez declara que "hemos venido bajando la desnutrición (...), hoy nuestro pueblo come más y come mejor, gracias a la variedad de la alimentación". Y lo dice omitiendo los grandes recortes que el Gobierno ha hecho a los programas sociales: Pdvsa redujo en 41% su aporte a las misiones, el Plan de Alimentación Escolar (PAE) está suspendido en casi todo el país, la FAO reconoce que Venezuela registra el precio más alto del continente en alimentos. Y con la salud pública y clínicas sin insumos.

¿Cómo explicar que con tan altos precios del crudo durante tan largo tiempo el régimen haya llegado a la quiebra del país? La escasa prensa libre que aún nos queda, nos da luces del saqueo rojo: en 10 años las importaciones ficticias alcanzaron $69 mil millones, mayoritariamente de autoría boliburguesa desde el Gobierno y de sus empresas de maletín.

La alta inflación, escasez, desempleo y corrupción que potencian la pobreza extrema, y el disco rayado del magnicidio, ahora contra la aguerrida María Corina para que no hablemos de la fábrica de pobres que es el madurismo, serán nuestros próximos temas.

mcolomina@gmail.com



Del despilfarro rojo a 12 millones de pobres
Marta Colomina
El Universal. Caracas, 1 de junio de 2014

Manuel Malaver: Los sancionados

No importa hasta donde pueda llegar el coraje de la Administración Obama en su intento por sancionar a un grupo de funcionarios del gobierno de Maduro acusados de violar los derechos humanos… Lo trascendente es que ya están ahí… En la ominosa lista de forajidos que más temprano que tarde tendrán que dar cuenta de sus crímenes en tribunales nacionales e internacionales.

Identificados, clasificados, numerados, codificados, buscados, porque, por más que las burocracias estatales globales se esmeren en proteger y garantizar la inmunidad de los suyos, siempre habrá poderes independientes, ONG e instituciones de la sociedad civil tras la caza de estos asesinos a quienes les resbalan más cada día los disfraces para camuflarse.

Condenados a vivir en la cárcel de sus propios países, o de naciones “amigas y aliadas”, siempre escasas, siempre caras, que en el retroceso al pasado, a la quiebra económica y moral, ofrecen poco atractivo para disfrutar y despilfarrar lo robado, lo saqueado.

En el caso de los SANCIONADOS del madurismo, ya existe, aparte de la ominosa lista, evidencia abrumadora de cómo ordenaron, o ejecutaron personalmente operaciones donde estudiantes y ciudadanos fueron ultimados de tiros en la cabeza, gaseados para que perdieran el conocimiento y murieran pisoteados en los tumultos, o heridos con perdigones en el rostro que los dejaran desfigurados por vida.

Sí, hay centenares, miles de videos, películas, fotografías, grabaciones en las cuales, generales, coroneles, tenientes coroneles o tenientes se ponen al mando, o son comandados por civiles armados, bandas de paramilitares, a cuyo frente hacen razias en plazas, calles, avenidas, apartamentos o urbanizaciones cuyos habitantes son llevados a calabozos sin explicarse exactamente lo que pasa.

Testimonios de calidad excepcional realizado por testigos que, vía celular, tabletas, cámaras digitales, o cualquier otra herramienta simulable, colocaron en las redes “para el mundo”, la primera ola represiva “en vivo” de una revolución, del salvajismo de que es capaz una élite de fanáticos cuando, aparte de corruptos, piensan que son esclavos de la historia.

“En la revolución la represión no será televisada” es la consigna y la cumplieron cabalmente los dueños de la televisión llamada “privada” que, en Venezuela, es, feroz e indisolublemente, parte del sistema, mejor dicho: es el sistema mismo.

En ese silencio, surgieron las torturas, porque los detenidos debían confesar que eran parte de conspiraciones, o de atentados, o de golpes de estado contra Maduro, pues de algo debían colgarse los esbirros para que los jueces de Luisa Ortega Díaz, la Fiscal y de Gladys Gutiérrez, la presidenta del TSJ, procedieran a enjuiciarlos y condenarlos por el delito de vivir en el lugar donde se llevaba a cabo la represión.

Que también podía transformarse en un negocio, en un buen negocio para los represores, y así, no más los detenidos pasaban el umbral de los sitios de reclusión, sus padres o representantes eran contactados por agentes que les ofrecían “la libertad” de los “alzaos” a cambio de una “buena paga”.

Una aterradora muestra de la “Guerra Asimétrica”, que se presta idealmente para que al enemigo se le castigue con todo y por todo, sin reglas, normas, códigos, ni nada parecido, sino con todo el instrumental para que aprenda que desafiar al “Gran Poder”, al “Big Brother”, tiene un costo alto, altísimo, y solo le resta quedarse en casa o mudarse de país.

Por eso, en las pandillas armadas, todos los que apoyan el orden son bienvenidos, todos los que se atrevan a matar, torturar, atropellar, militares de escuela, civiles con cualquier prontuario en el cual conste que por atracos, secuestros o arrebatones mataron sin piedad, o simples piezas o gatillos de los partidos de la ideología gobernante, modelados en la práctica de que la revolución se defiende a cualquier precio.

“Guerra, la Asimétrica”, que no teme la división de los países en disímiles y minúsculas partes, siempre y cuando en una de ellas, esté el tótem, caudillo, padre y redentor, con la corte que llama gobierno, que no es sino otra parafernalia para que estados iguales o parecidos consigan buenos mercados y a precios de remate.

Que ya la Venezuela de “Maduro y sus generales” ha recorrido un buen trecho en esta vía se revela, no solo con la intentona de reducir a sangre y fuego la justa protesta popular, sino también en la forma como ha llevado al foso la economía del país, desvalijándola de sus mecanismos productivos, y aun de los ingresos con los cuales importaba hasta lo mínimo para cubrir los déficits del inviable, inútil y menesteroso socialismo.

Hoy se sufre la crisis de la falta de alimentos, medicinas, insumos para la industria y los servicios que nos han transformado en una sociedad de buscadores de lo que haya para poder sobrevivir.

Es la consecuencia de la escasez de los dólares que siempre llegaron por las exportaciones de petróleo que se han estancado por la estabilidad de los precios, y porque PDVSA, que tendría reservas para enviar a los mercados crudos que compensen la caída de los precios, es una industria en franco deterioro, transformada, de la tercera empresa petrolera de la región, a una de categoría ambigua e inclasificable.

Somos, por todo ello, un país en un default “sucesivo y selectivo” pues día a día se agrupan en la taquilla de pago acreedores nacionales y extranjeros a los que, simplemente, no se le honran los compromisos, porque: “Dólares no hay”.

Pero pronto también escaseara el efectivo para pagar las nóminas de empleados públicos, de trabajadores de empresas del Estado, de la salud y de la educación que percibirán que sus salarios son apenas papeles que van a alimentar el incontrolable incendio de la inflación.

Hora, entonces, para que el país pase a ser un gran campamento, el reino de militares, paramilitares, milicianos, reservistas, colectivos, de hombres armados de todos los tipos, que saldrán día y noche a saquear y hacer acopio del fruto del trabajo de una sociedad que ya solo es una población esclava.

Para controlarla, los policías, los agentes del orden, los cuerpos especializados, las bandas de la delincuencia común o la delincuencia organizada, todos adheridos al engranaje para castigar el hablar, el gritar, el manifestar, el protestar, para que “Su Majestad, Nicolás I”, pueda dormir tranquilo.

Una apología del mundo tranquilo, ruinoso, destartalado, en venta, que los SANCIONADOS han elegido como su propia cárcel, pues asomar al exterior es correr siempre el riesgo de ir a dar cuentas de sus fechorías en la Haya o en el Tribunal de Roma.

La Corea del Norte, donde impera el último vástago de la dinastía fundada por Kim Il Sung, Kim Jong-un, y la Cuba en la cual los octogenarios hermanos Castro se preparan a fundar la propia, no son una fantasía, son una realidad y cuando respiramos la realidad venezolana de hoy, es imposible no pensar en ellas.

Lo cual no quiere decir que Venezuela está situada en Asia Oriental, ni viva en los años 60, los de la terrible “Guerra Fría”, sino en un continente y un tiempo donde la libertad se estableció para permanecer y no para perecer.


Los sancionados
Manuel Malaver
La Razón. Caracas, 1 de junio de 2014

Heinz Sonntag: El antisemitismo ayer y hoy en Venezuela y el mundo

El antisemitismo no fue tema del debate político público durante el periodo de la democracia civil (1958 a 1998), denominado por el chavismo “cuarta república”.De hecho, el término antisemitismo es de relativamente corta vida. Aparece impreso por primera vez en 1881 en Zwanglose antisemitische Hefte (Cuadernos antisemitas íntimos) del periodista alemán W. Marr para hacer una descripción del carácter etnológico del pueblo judío. Pero el antijudaísmo o la judeofobia como odio y desprecio del pueblo judío es, como todos sabemos, milenario.

Nuestros compatriotas judíos han convivido con nosotros durante largos años en paz. Es más, el presidente López Contreras permitió a finales de la década de los treinta del siglo pasado que un grupo grande de judíos (en total 251) desembarcara de las naves Caribia y Königstein en Puerto Cabello y La Guaira, después de que en varios puertos de islas del Caribe, entre ellas la República Dominicana, no se les había permitido dejar a sus pasajeros desembarcar, y los que habían venido en tiempos anteriores se integraron al pueblo venezolano. Rehicieron sus vidas, trabajaron y contribuyeron al pase de una Venezuela rural y caudillista a la moderna, en la industria, la ciencia y la cultura. Este estado de cosas se extendió hasta hace quince años.

Poco después del ascenso de Hugo Chávez Frías a la Presidencia, en 1999, empezaron a aparecer síntomas del antisemitismo, vinculados a la presencia del antisemita argentino y negador del Holocausto Norberto Ceresole como asesor del presidente. En programas de VTV y en órganos de prensa escritos del régimen, ellos se manifestaron, al comienzo, en forma moderada (si el antisemitismo puede ser moderado) y, con el tiempo, de modo cada vez más evidente. Especialmente el programa La Hojilla de VTV de Mario Silva, la red de Aporrea y los periódicos Vea y Correo del Orinoco difundieron insultos contra los judíos. Ocurrieron dos “visitas” de órganos de seguridad del Estado al Hebraica, el conjunto escolar, cultural y social de la comunidad judía, con la excusa de que allí había armas escondidas y se “cocinaban” conspiraciones contra el régimen. El 24/12/2005, el presidente lanzó en un discurso el más antiguo y desgastado eslogan antisemita cuando habló de “los que han matado a Cristo y se han apoderado de las riquezas”. Frente a la protesta de sectores sociales, el gobierno trató de desmentir lo dicho, al estilo “Chávez dijo que no dijo lo que dijo”. ¿Y quién puede olvidar la sentencia del embajador en Moscú en una entrevista con una revista rusa de que los judíos habían jugado un papel importante en el “golpe” del 11 de abril de 2002?  Un grupo grande de académicos y demás intelectuales respondimos al presidente en un aviso de media página en la prensa nacional, rechazando su expresión del antisemitismo. Como resultado de este acto algunos que habíamos firmado el documento creamos el Observatorio Hannah Arendt como una ONG cuyos objetivos incluye la lucha contra el antisemitismo por ser irreconciliable con la mentalidad abierta del pueblo venezolano. El régimen no se dio por aludido y siguió con sus posturas antisemitas. Trató de darle un sentido político a este proceder: describió su actitud como “antisionismo” y adaptó su política exterior a lo que uno de los “amigos” de Chávez, el presidente Ahmadineyad del gobierno de Irán, señalaba como la negación del Holocausto y la necesidad de borrar el Estado de Israel de la realidad política del mundo. En consecuencia, rompió las relaciones diplomáticas y expulsó a los miembros de la Embajada de Israel en Caracas.
En lo interno, el enfrentamiento contra el pueblo judío alcanzó niveles mayores. El más significativo hecho fue cuando en el año 2009 una banda de unas 15 personas, algunas con armas largas, asaltó la sinagoga de nuestros conciudadanos judíos en Maripérez, causó severos destrozos, pintó los muros con los usuales insultos y con dibujos de la esvástica nazi, robó computadoras y material de archivo. Fue esto para nosotros un evento similar a “la noche de los cristales rotos” (en alemán Reichskristallnacht), la señal más alarmante de un creciente antisemitismo en nuestro país.

Desde hace unos años para esta fecha, analistas y observadores de la escena mundial perciben un crecimiento del antisemitismo en varias partes. En el caso europeo se lo vincula a la masiva inmigración de poblaciones musulmanas a diferentes países, por ejemplo, Alemania, Francia, Inglaterra, los Países Bajos y otros. Se señala que no todos los inmigrantes son islamistas, esto es: terroristas cuya bandera es la eliminación del Estado de Israel y, cual “solución final” hitleriana, también el exterminio del pueblo judío. Son tal vez ni la mayoría. Sin embargo, la existencia de comunidades musulmanas puede ser un suelo fértil para que puedan expandirse antisemitismo e islamismo, este último organizado en movimientos como Al Qaeda, Hamas y Hezbolá.

En otras partes del mundo, por ejemplo Estados Unidos de Norteamérica, el antisemitismo afecta a organizaciones no gubernamentales, incluso algunas que tienen como bandera la defensa de los derechos humanos. Como ha expresado Sammy Eppel después de participar en una conferencia sobre el tema en la Universidad de Yale, “el antisemitismo se ha convertido en una especie de virus… que hace que algunas ONG se declaren abiertamente en contra de Israel y del sionismo” (Nuevo mundo israelita, No. 1766, p. 5). Eppel ha percibido también que en la academia estadounidense, en sus palabras “un mundo humanista y de progreso”, “el antisemitismo está filtrándose en grupos de intelectuales que pueden ser muy objetivos e ideológicamente neutros para muchos tópicos, pero al llegar el tema de Israel y los judíos pareciera que se trancaran… Cuando se toca el tema de Israel, el sionismo o los judíos, explota un odio irracional”.

En nuestra parte del mundo, más allá de Venezuela, el crecimiento del antisemitismo parece guardar estrecha relación con la expansión de la influencia del Irán en algunos países, especial más no únicamente en los del Alba, cuyo líder, el finado comandante-presidente Hugo Chávez Frías, hizo numerosos viajes a Teherán y recibió al “campeón del antisemitismo”, el presidente Mahmud Ahmadineyad, en varias oportunidades en Caracas. En su último viaje que incluyó Siria y, desde luego, Irán, el teniente coronel reiteró su compromiso con la lucha “antiimperialista” de organizaciones islamistas, amén de haber denunciado en una de las visitas del iraní a Caracas en 2009 a Israel como “el brazo asesino del imperio yanqui”.

Ahora bien, el gobierno del régimen niega haber tenido participación en los terribles episodios antisemitas en nuestro país, todavía presentes en la memoria no solo de nuestros compatriotas judíos sino de todos los ciudadanos. Todos conocemos la tendencia a mentir de nuestro gobierno. Hasta donde yo sé, ni un autor material o intelectual, presunto o verdadero, fue imputado por aquellos hechos. Para participar en la lucha contra el antisemitismo global y su expresión en nuestro país nos incumbe la misma tarea que Sammy Eppel les sugiere a los judíos: “Tenemos que enfrentarlo y debemos seguir… haciéndonos escuchar”. Esta unidad entre todos los venezolanos tiene que completar la política, para combatir el “socialismo del siglo XXI” y sus perversiones, incluido el antisemitismo, parte del global.  


El antisemitismo ayer y hoy en Venezuela y el mundo
Heinz Sonntag
El Nacional. Caracas 1 de junio de 2014