domingo, 8 de marzo de 2015

Mario Vargas Llosa: Venezuela: Al borde del abismo

Cuando el Gobierno venezolano de Nicolás Maduro autorizó a su guardia pretoriana a usar armas de fuego contra las manifestaciones callejeras de los estudiantes sabía muy bien lo que hacía: seis jóvenes han sido asesinados ya en las últimas semanas por la policía tratando de acallar las protestas de una sociedad cada vez más enfurecida contra los atropellos desenfrenados de la dictadura chavista, la corrupción generalizada del régimen, el desabastecimiento, el colapso de la legalidad y la situación creciente de caos que se va extendiendo por todo el país.
Este contexto explica la escalada represora del régimen en los últimos días: el encarcelamiento del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, uno de los más destacados líderes de la oposición, al cumplirse un año del arresto de Leopoldo López, otro de los grandes resistentes, y meses después de haber privado abusivamente de su condición de parlamentaria y tenerla sometida a un acoso judicial sistemático a María Corina Machado, figura relevante entre los adversarios del chavismo. El régimen se siente acorralado por la crítica situación económica a la que su demagogia e ineptitud han llevado al país, sabe que su impopularidad crece como la espuma y que, a menos que diezme e intimide a la oposición, su derrota en las próximas elecciones será cataclísmica (las encuestas cifran su popularidad en apenas un 20%).
Por eso ha desatado el terror de manera desembozada y cínica, alegando la excusa consabida: una conspiración internacional dirigida por Estados Unidos de la que los opositores democráticos al chavismo serían cómplices. ¿Conseguirá acallar las protestas mediante los crímenes, torturas y redadas masivas? Hace un año lo consiguió, cuando, encabezados por los estudiantes universitarios, millares de venezolanos se lanzaron a las calles en toda Venezuela pidiendo libertad (yo estuve allí y vi con mis propios ojos la formidable movilización libertaria de los jóvenes de toda condición social contra el régimen dictatorial). Para ello fue necesario el asesinato de 43 manifestantes, muchos centenares de heridos y de torturados en las cárceles políticas y millares de detenidos. Pero en el año transcurrido la oposición al régimen se ha multiplicado y la situación de libertinaje, desabastecimiento, oprobio y violencia sólo ha servido para encolerizar cada vez más a las masas venezolanas. Para atajar y rendir a este pueblo desesperado y heroico hará falta una represión infinitamente más sanguinaria que la del año pasado.
El sistema se siente acorralado por la crítica situación económica a la que ha llevado al país

Maduro, el pobre hombre que ha sucedido a Chávez a la cabeza del régimen, ha demostrado que no le tiembla la mano a la hora de hacer correr la sangre de sus compatriotas que luchan por que vuelva la democracia a Venezuela. ¿Cuántos muertos más y cuántas cárceles repletas de presos políticos harán falta para que la OEA y los Gobiernos democráticos de América Latina abandonen su silencio y actúen, exigiendo que el Gobierno chavista renuncie a su política represora contra la libertad de expresión y a sus crímenes políticos y faciliten una transición pacífica de Venezuela a un régimen de legalidad democrática?
En un excelente artículo, como suelen ser los suyos, “Un estentóreo silencio”, Julio María Sanguinetti (EL PAÍS, 25 de febrero de 2015), censuraba severamente a esos Gobiernos latinoamericanos que, con la tibia excepción de Colombia —cuyo presidente se ha ofrecido a mediar entre el Gobierno de Maduro y la oposición—, observan impasibles los horrores que padece el pueblo venezolano por un Gobierno que ha perdido todo sentido de los límites y actúa como las peores dictaduras que ha padecido el continente de las oportunidades perdidas. Podemos estar seguros de que la emotiva llamada del expresidente uruguayo a la decencia a los mandatarios latinoamericanos no será escuchada. ¿Qué otra cosa se podría esperar de esa lastimosa colección entre los que abundan los demagogos, los corruptos, los ignorantes, los politicastros de tres por medio? Para no hablar de la Organización de Estados Americanos, la institución más inservible que ha producido América Latina en toda su historia; al extremo de que, se diría, cada vez que un político latinoamericano es elegido su secretario general parece reblandecerse y sucumbir a una suerte de catatonia cívica y moral.
Sanguinetti contrasta, con mucha razón, la actitud de esos Gobiernos “democráticos” que miran al otro lado cuando en Venezuela se violan los derechos humanos, se cierran canales, radioemisoras y periódicos, con la celeridad con que esos mismos Gobiernos “suspendieron” de la OEA a Paraguay cuando este país, siguiendo los más estrictos procedimientos constitucionales y legales, destituyó al presidente Fernando Lugo, una medida que la inmensa mayoría de los paraguayos aceptó como democrática y legítima. ¿A qué se debe ese doble rasero? A que el señor Maduro, que ha asistido a la transmisión de mando presidencial en Uruguay y ha sido recibido con honores por sus colegas latinoamericanos, es de “izquierda” y quienes destituyeron a Lugo eran supuestamente de “derecha”.

A Nicolás Maduro no le tiembla la mano a la hora de hacer correr la sangre de sus compatriotas

Aunque muchas cosas han cambiado para mejor en América Latina en las últimas décadas —hay menos dictaduras que en el pasado, una política económica más libre y moderna, una reducción importante de la extrema pobreza y un crecimiento notable de las clases medias—, su subdesarrollo cultural y cívico es todavía muy profundo y esto se hace patente en el caso de Venezuela: antes de ser acusados de reaccionarios y “fascistas” los gobernantes latinoamericanos que han llegado al poder gracias a la democracia están dispuestos a cruzarse de brazos y mirar a otro lado mientras una pandilla de demagogos asesorados por Cuba en el arte de la represión van empujando a Venezuela hacia el totalitarismo. No se dan cuenta que su traición a los ideales democráticos abre las puertas a que el día de mañana sus países sean también víctimas de ese proceso de destrucción de las instituciones y las leyes que está llevando a Venezuela al borde del abismo, es decir, a convertirse en una segunda Cuba y a padecer, como la isla del Caribe, una larga noche de más de medio siglo de ignominia.
El presidente Rómulo Betancourt, de Venezuela, que era de otro calibre de los actuales, pretendió, en los años sesenta, convencer a los Gobiernos democráticos de la América Latina de entonces (eran pocos), de acordar una política común contra los Gobiernos que —como el de Nicolás Maduro— violentaran la legalidad y se convirtieran en dictaduras: romper relaciones diplomáticas y comerciales con ellos y denunciarlos en el plano internacional, a fin de que la comunidad democrática ayudara de este modo a quienes, en el propio país, defendían la libertad. No hace falta decir que Betancourt no obtuvo el apoyo ni siquiera de un solo país latinoamericano.
La lucha contra el subdesarrollo siempre estará amenazada de fracaso y retroceso mientras las dirigencias políticas de América Latina no superen ese estúpido complejo de inferioridad que alientan contra una izquierda a la que, pese a las catastróficas credenciales que puede lucir en temas económicos, políticos y de derechos humanos (¿no bastan los ejemplos de los Castro, Maduro, Morales, los Kirchner, Dilma Rousseff, el comandante Ortega y compañía?) conceden todavía una especie de superioridad moral en temas de justicia y solidaridad social.



Mario Vargas Llosa
Venezuela: Al borde del abismo
El País. Madrid, 8 de marzo de 2015

sábado, 7 de marzo de 2015

Thays Peñalver: El genocidio político venezolano


Desde aquel día del 2002 en el que Hugo Chávez apareció en cadena de radio y televisión explicando que la oposición había comprado un misil para derribar su avión, había que tomárselo muy en serio. De hecho, la realidad es que había que tomarlo como cierto. Sí, como cierto, porque en política una acusación severa como esa no se puede tomar de otra manera. Es como el Servicio Secreto que protege al presidente Barak Obama que recibe 30 amenazas de muerte cada día ('The Telegraph') y cada una de ellas, por mas absurda que parezca debe ser tomada e investigada como "cosa cierta".Por eso la oposición debió tomar como cierta la acusación cuando el jefe de espionaje venezolano apareció en 2004, también en cadena de radio y televisión, informando de que la oposición mataría a Chávez con un súper Jet F-16. También cuando el jefe de espías explicó con lujo de detalles cómo la oposición usaría otro F-16 en 2008. Cuando decidió comprar ya aviones propios en 2010 para asesinar al presidente y cuando ya se acusó a la oposición de comprar nada menos que una flotilla de F-16 en 2014. Más serio aun cuando la oposición, ya evidentemente sin liquidez por haber comprado tanto avión sofisticado, sólo pudo comprar un avión de hélices para acometer la misma tarea, en el 2015.

Acusaciones hilarantes

Imaginen los amigos lectores que el presidente del Gobierno español aparece en una rueda de prensa, junto a los jefes militares, explicando que la oposición actual ha invertido 2.000 millones de euros en aviones a reacción e incluso que le han dado las coordenadas donde bombardearían los poderosos y sofisticados aviones. Ahora imagínese usted que va a los mapas de Google e introduce esas coordenadas para saber cuales eran los objetivos militares de la oposición y descubre que el único objetivo del bombardeo era el pueblito de Villamedianilla, en la provincia de Burgos. ¿Podía la oposición venezolana, económicamente arruinada, gastar el equivalente al presupuesto de educación primaria de Venezuela para comprar aviones F-16, con la finalidad de bombardear un pequeño pueblo de menos de 10 habitantes, como reza una de las acusaciones? No importa cuán hilarante sea la respuesta, porque lo importante es lo que buscaba la acusación y lo que pretendía que respondiera la oposición.
Revisemos la realidad, que no es otra que acometer un 'genocidio político'. El primer candidato presidencial en la era chavista, Henrique Salar Romer, y por quien votaron los venezolanos, hoy está exiliado por una de esas acusaciones de magnicidio. El segundo candidato presidencial también demócrata, Manuel Rosales, también esta exiliado por "conspirador y magnicida". El líder de la Coordinadora Democrática, Enrique Mendoza, quien llevó a la primera y única victoria electoral opositora, fue juzgado por conspiración y magnicidio. El equipo de técnicos que ayudaron a organizar la estrategia electoral de la oposición, también fueron acusados formalmente y algunos están exiliados. Los banqueros, empresarios y financieros de la oposición fueron barridos con esa estrategia y a los periodistas de medios de comunicación que difundían opinión libremente como Miguel Henrique Otero (periódico 'El Nacional'), Rafael Poleo (periódico 'El Nuevo País') Marcel Granier (canal de televisión RCTV) y Alberto Federico Ravell o Nelson Mezerhane (canal de noticias Globovisión) no sólo les arrebataron esos medios o los llevaron prácticamente a la ruina, sino que fueron acusados de magnicidas.

Nuevos liderazgos

Luego surgieron los nuevos liderazgos. Los precandidatos presidenciales de la actual Mesa de la Unidad Democrática, como Cecilia Sosa, Oswaldo Álvarez Paz y César Pérez Vivas, también han sido acusados por conspiración y magnicidio. Los liderazgos jóvenes y emergentes de los partidos tradicionales como Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, Voluntad Popular y del Partido Copei fueron o están siendo diezmados por conspiración y magnicidio. Quienes se marcharon del Gobierno como Henri Falcón para fundar su partido político, ya cuenta con dos averiguaciones abiertas y una amenaza del presidencial.
Los más jóvenes, el nuevo liderazgo estudiantil que despunta está siendo perseguido y encarcelado por conspiración, ya algunos han sido imputados por este delito, han rendido testimonio en la policía política del Gobierno o acusan seguimiento y hostigamiento por parte del servicio de espionaje. Los líderes que han surgido de las primarias de la Mesa de la Unidad, como el candidato presidencial Diego Arria, quien acusó a Chávez de sus vínculos con la ETA, hoy está exiliado por magnicidio. Los líderes opositores Leopoldo López y el segundo a bordo de su Partido Voluntad Popular, junto a Antonio Ledezma -quien no sólo es el alcalde mayor, sino también líder de su partido político-, hoy están presos en una cárcel militar, mientras que María Corina Machado se encuentra a la espera de ser imputada por segunda vez por el delito de conspiración y magnicidio.
A la oposición venezolana le queda un solo líder en libertad, Henrique Capriles, no así su partido político, cuyo máximo dirigente Julio Borges, su jefe de estrategia política y su jefe de estrategia electoral, quienes casi logran ganarle a Maduro en las últimas elecciones presidenciales, ya han sido formalmente acusados, buscados por Interpol o exiliados, por el mismo motivo; mientras no pocos creen a pies juntillas, que absolutamente toda la oposición ha planificado aproximadamente 70 planes de magnicidio.
Diría Fidel Castro que hoy, en el siglo XXI, ya no son necesarios los fusilamientos en el malecón, cuando se puede acometer un "genocidio político" a la vista de todos y que encima, muchos lo aplaudan.

Thays Peñalver
El genocidio político venezolano
El Mundo. Madrid, 6 de marzo de 2015

Rafael Poleo: Hugo el hombre

 
Rafael Poleo
Hugo el hombre
El Nuevo País. Caracas, 7 de marzo de 2015 (Blog Pedro Mogna)