No dejes para mañana lo que debes hacer hoy. Es impostergable que la MUD se aboque a debatir y decidir lo relativo a las candidaturas para las elecciones parlamentarias. Ya vamos tarde para eso. Sé que los partidos de la unidad saben bien que esto supone acuerdos complicados y acciones difíciles de instrumentar. Quizás los ciudadanos piensen que es temprano para ello. No faltará quienes argumenten que los políticos sólo piensan en sí mismos al dan preeminencia a las elecciones. Yerro de plano. Esas elecciones de diputados son más importantes de lo que a ojos incautos puedan lucir. Porque la salida sólo es electoral. Lo escribo con convicción. Quienes piensen en soluciones primaverales se equivocan, por desconocimiento político o ingenuidad. O porque no saben medir los riesgos de plantear otro tipo de salidas.
La política es un asunto terrenal. No tiene ni una pizca de sobrenatural. No creo en generar falsas expectativas. No creo que se vayan a dar las condiciones que fuercen al gobierno a renunciar. No creo que haya algún sector con herramientas para ello. No creo que, por muy fea que se ponga la situación económica, ello suponga el colapso del gobierno. No creo que haya factores internacionales que consideren que la situación en Venezuela amerite algún tipo de acción. Y si ocurriera algo de lo citado, pues se generaría un escenario electoral, con lo cual estaríamos de nuevo en la agenda de articulación de una mayoría, que es en realidad el meollo de la cuestión.
Empero, a pesar de estar en desacuerdo con #LaSalida, me parece un acto de barbarie que mi amigo Leopoldo López esté preso. Con él, con su esposa, hijos y padres, me solidarizo sin cortapisas. Además, estimo antidemocrático el desafuero de Ma.Corina Machado de su curul, la prisión de muchachos protestantes, los procesos judiciales a Ceballos y Escarano y la suspensión por parte del gobierno del brevísimo proceso de diálogo. Y me pregunto, todos esos que aplaudieron #LaSalida, ¿por qué no están sembrados frente a Ramo Verde exigiendo la liberación de Leopoldo y los otros detenidos?; ¿por qué no están apoyando las acciones de defensa de derechos humanos de la MUD relativas a las miles de personas que fueron reseñadas por las protestas?
Detecto graves errores: 1. #LaSalida, pues en política es un error optar por una estrategia cuyo final no se puede controlar; 2. que Aveledo no esté dirigiendo la MUD, sin haber determinado quién lo sustituye; 3. creer que un alcalde en ejercicio pueda dirigir la MUD, pues ello va en directa contravención de los espacios logrados para gobierno opositor. Los errores cometidos ya son historia. Y detesto el ejercicio de darse manija en las heridas pues es tan estéril como arar en el desierto. La MUD no ha sido ni parecida a la Coordinadora Democrática, de infausta recordación, que comenzó como un instrumento inteligente y acabó siendo un patio de improvisaciones. Del propio seno de la MUD saldrá una estrategia que atienda las exigencias de los tiempos que corren. Lo hizo antes, con éxito, y lo hará de nuevo. Sólo apunto que el calendario corre, que no hay tiempo que perder. Quien madruga recoge agua clara. Y si de algo sabe la revolución bonita es de madrugarnos.
soledadmorillobelloso@gmail.com
@solmorillob
Soledad Morillo Belloso
La salida sólo es electoral
El Universal. Caracas, 8 de agosto de 2014
viernes, 8 de agosto de 2014
miércoles, 6 de agosto de 2014
Iván Simonovis: Mi vida se detuvo cuando fui detenido ilegalmente
Sencillamente me perdí la etapa más importante de la vida con mis hijos y con mi esposa, nos perdimos de todo, con la única garantía de que eso no te lo devuelve nadie
Cuando me preguntan cómo estoy, la respuesta debería ser corta y clara. Un "bien" debería bastar, pero no es así.
Se está bien cuando, aún estando enfermo, te despiertas cada mañana con un propósito, con una idea, con una ilusión. Pero acá en la cárcel, eso paulatinamente desaparece. Abres los ojos y allí estás aún.
Sí, en el mismísimo lugar de ayer, antes de ayer y las semanas, meses y años que le precedieron. Monasterio oscuro. Construcción gris. Cemento y hierro; poco tienen para ofrecerle al alma.
De inmediato, cobra vida (¿vida?) la odiosa rutina carcelaria.
Mi vida no cambió cuando fui ilegalmente detenido. No cambió, se detuvo. La primera noche no fue el problema, fue todo lo que vino después y que no ha dejado de pasar.
El 22 de noviembre del año 2004, día de mi ilegal detención, mi hija Ivana, era apenas una niña de 7 años y mi hijo Iván Andrés tenía 11 años, (hoy 17 y 21 respectivamente).
No primera comunión de Ivana, no cumpleaños, no navidades, no días del padre, no nada. Todo desapareció de la noche a la mañana.
Sencillamente me perdí la etapa más importante de la vida con mis hijos y con mi esposa, nos perdimos de todo, con la única garantía de que eso no te lo devuelve nadie.
Duelen los recuerdos, duelen en términos del presente, en algunos reducidos espacios de mi mente. Hay recuerdos de una libertad que hizo corto circuito.
Esto era imposible. Nada hicimos y nos quitaron todo. Ni mi esposa, ni mis hijos, ni mi familia en general, imaginamos nunca el sufrimiento que nos tocaría vivir en presente continuo.
Soy de la teoría que las auténticas limitaciones no vienen del control del espacio físico, sino del emocional. Sin embargo, poco imaginaba la cantidad de horas de mi vida que consumiría en este lugar.
El ocio es el peor enemigo del preso, por tanto hay que tratar de evadirlo como sea, es necesario una ruptura con la monotonía, de los contrario no podrás alejar los pensamientos que te atormentan a diario. Buscas salvarte. Te inventas rutinas, El gran loop. Todo de nuevo una vez tras otra. La vida se reduce a las pocas cosas que las reglas y el espacio permiten.
Los días de visita son más generosos. Hay una sorpresa involucrada en ello. Preparas todo para recibir la familia o amigos. En mi caso particular he tenido varias rutinas. También he tenido que cambiarlas, porque hasta ellas te enloquecen.
Fue así que se me ocurrió escribir mis dos libros: la Guía Anti Crimen y Prisionero Rojo. Ocupar el tiempo es la clave de mantener la cordura. Nada de eso evita las manifestaciones emocionales, pero sabes que son herramientas para que sobrellevar la situación como sea.
Dicen que la cárcel imprime carácter, quizás haya algo de eso, pero poco a poco te das cuenta del deterioro: el rostro se contrae, el rictus se hace más severo, los ojos pierden brillo, la vista se deteriora a pasos agigantado, los movimientos corporales son más lentos.
Me preparé para muchas cosas y en mis 22 años en PTJ trabajé en varias divisiones operativas donde me tocó tomar decisiones de alto riesgo, pero jamás me preparé para esto.
No es la cárcel, sino la incapacidad del Estado de aceptar mi inocencia. La tergiversación de la realidad de los sucesos en pro de una mentira, que mantiene a los rojos a salvo en sus curules.
Sin embargo a lo largo de los casi 10 años de lacerante sufrimiento, he intentado por todos los medios a mi alcance evitar desmoronarme, decaer o convertirme en un minusválido, así que esculpo mi alma a diario con un martillo y lo afino con un cincel de inteligencia.
La cárcel definitivamente, te hace un callo, pero en el alma.
Iván Simonovis
Mi vida se detuvo cuando fui detenido ilegalmente
Diario Las Américas. Miami, 7 de agosto de 2014
Cuando me preguntan cómo estoy, la respuesta debería ser corta y clara. Un "bien" debería bastar, pero no es así.
Se está bien cuando, aún estando enfermo, te despiertas cada mañana con un propósito, con una idea, con una ilusión. Pero acá en la cárcel, eso paulatinamente desaparece. Abres los ojos y allí estás aún.
Sí, en el mismísimo lugar de ayer, antes de ayer y las semanas, meses y años que le precedieron. Monasterio oscuro. Construcción gris. Cemento y hierro; poco tienen para ofrecerle al alma.
De inmediato, cobra vida (¿vida?) la odiosa rutina carcelaria.
Mi vida no cambió cuando fui ilegalmente detenido. No cambió, se detuvo. La primera noche no fue el problema, fue todo lo que vino después y que no ha dejado de pasar.
El 22 de noviembre del año 2004, día de mi ilegal detención, mi hija Ivana, era apenas una niña de 7 años y mi hijo Iván Andrés tenía 11 años, (hoy 17 y 21 respectivamente).
No primera comunión de Ivana, no cumpleaños, no navidades, no días del padre, no nada. Todo desapareció de la noche a la mañana.
Sencillamente me perdí la etapa más importante de la vida con mis hijos y con mi esposa, nos perdimos de todo, con la única garantía de que eso no te lo devuelve nadie.
Duelen los recuerdos, duelen en términos del presente, en algunos reducidos espacios de mi mente. Hay recuerdos de una libertad que hizo corto circuito.
Esto era imposible. Nada hicimos y nos quitaron todo. Ni mi esposa, ni mis hijos, ni mi familia en general, imaginamos nunca el sufrimiento que nos tocaría vivir en presente continuo.
Soy de la teoría que las auténticas limitaciones no vienen del control del espacio físico, sino del emocional. Sin embargo, poco imaginaba la cantidad de horas de mi vida que consumiría en este lugar.
El ocio es el peor enemigo del preso, por tanto hay que tratar de evadirlo como sea, es necesario una ruptura con la monotonía, de los contrario no podrás alejar los pensamientos que te atormentan a diario. Buscas salvarte. Te inventas rutinas, El gran loop. Todo de nuevo una vez tras otra. La vida se reduce a las pocas cosas que las reglas y el espacio permiten.
Los días de visita son más generosos. Hay una sorpresa involucrada en ello. Preparas todo para recibir la familia o amigos. En mi caso particular he tenido varias rutinas. También he tenido que cambiarlas, porque hasta ellas te enloquecen.
Fue así que se me ocurrió escribir mis dos libros: la Guía Anti Crimen y Prisionero Rojo. Ocupar el tiempo es la clave de mantener la cordura. Nada de eso evita las manifestaciones emocionales, pero sabes que son herramientas para que sobrellevar la situación como sea.
Dicen que la cárcel imprime carácter, quizás haya algo de eso, pero poco a poco te das cuenta del deterioro: el rostro se contrae, el rictus se hace más severo, los ojos pierden brillo, la vista se deteriora a pasos agigantado, los movimientos corporales son más lentos.
Me preparé para muchas cosas y en mis 22 años en PTJ trabajé en varias divisiones operativas donde me tocó tomar decisiones de alto riesgo, pero jamás me preparé para esto.
No es la cárcel, sino la incapacidad del Estado de aceptar mi inocencia. La tergiversación de la realidad de los sucesos en pro de una mentira, que mantiene a los rojos a salvo en sus curules.
Sin embargo a lo largo de los casi 10 años de lacerante sufrimiento, he intentado por todos los medios a mi alcance evitar desmoronarme, decaer o convertirme en un minusválido, así que esculpo mi alma a diario con un martillo y lo afino con un cincel de inteligencia.
La cárcel definitivamente, te hace un callo, pero en el alma.
Iván Simonovis
Mi vida se detuvo cuando fui detenido ilegalmente
Diario Las Américas. Miami, 7 de agosto de 2014
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