miércoles, 9 de julio de 2014

Leonardo Padrón: En el lugar equivocado

Roberto Mata Marco Aurelio Coello 640
La madre de Marco Aurelio Coello retratada por Roberto Mata para la serie #TestimoniosDeFebrero
 
 
Mami, cuando te pregunten qué necesito, diles que barajitas para llenar el álbum”. La frase la puede haber dicho cualquier niño del planeta. Una frase habitual en julio del 2014, en pleno clímax del Mundial de Fútbol. Sólo que, esta vez, quien la dice es Marco Coello, joven venezolano de 18 años quien ya cumple cinco meses preso. ¿Su delito?: Haber participado en la marcha del 12 de febrero, día de la juventud, en protesta por los estudiantes detenidos en Los Andes. El candor de la petición, que refleja el nivel de aspiraciones de alguien que aún sigue atado a los entusiasmos lúdicos de la vida, contrasta escandalosamente con el dictamen de la juez 16 de control, Adriana López, quien ratificó los cargos impuestos por el Ministerio Público contra el joven: incendio, daños, instigación a delinquir y agavillamiento.
Marco Aurelio Coello será juzgado junto a Christian Holdack, estudiante de diseño, y a Leopoldo López, líder del partido político Voluntad Popular. Dice el dictamen, apelando a un término infrecuente, que Leopoldo fue el “determinador” de los delitos que ambos jóvenes presuntamente cometieron.
Pero resulta revelador descubrir que el joven estudiante de 5to. año de bachillerato nunca en su vida había visto a Leopoldo López. Lo conoció el día de la audiencia preliminar. Su propia madre asegura que más determinador en su vida podrían ser Lionel Messi o Juan Arango. Ni siquiera le interesa la política. “Yo algún día quisiera construir edificios enormes como esos de Dubai”, le confesó alguna vez. Hoy está detrás de las rejas. Esperando el juicio. Mientras, sus compañeros de estudio andan en caravana por la ciudad celebrando su graduación como bachilleres. Él no. Él perdió el año, la libertad, y buena parte de su inocencia. ¿Su delito? Haber estado el día equivocado en el lugar equivocado.
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“Mami, mañana voy a la marcha”, con esas seis palabras Marco sorprendió a su mamá la víspera del 12 de febrero. “¿Pero tú no tienes clases mañana?”, le replicó Dorys de Coello. El joven le explicó que iría a la marcha después de asistir al curso extra cátedra que realizaba todos los miércoles en el Multicentro Empresarial del Este. Dorys intentó disuadirlo. Su padre también. No funcionó. Pero se calmó un poco cuando supo que su hijo iría con un compañero de clases y su mamá. Estarían con una persona adulta que, era de prever, canalizaría cualquier vehemencia o exceso. Le dio un último consejo: “Ve por los laterales, así, si se presenta un problema te puedes resguardar en alguna tienda”. Su aprehensión estaba reforzada por un detalle significativo: Era la primera marcha a la que asistiría Marco Coello en su vida.
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El día de la marcha,Dorys estaba en la rutina de su trabajo. A las 2:30 pm vio el reloj y se extrañó de no haber recibido ningún mensaje de su hijo. Atribuyó el hecho al colapso típico de los celulares en las concentraciones. Mucha gente en un mismo sitio termina generando una gran incomunicación. Pero una hora después la extrañeza derivó en preocupación. La marcha, suponía bien, debía haber terminado hace ya un buen rato. Al llegar a la casa, prendió el televisor y sintonizó la señal de NTN24. Justo en ese instante, la periodista Idania Chirinos anunciaba: “Confirmado, hay dos heridos y un fallecido en los alrededores adonde llegó la marcha”. Una ráfaga fría paralizó a Dorys de Coello: “Cuando Idania iba a leer los nombres, yo cerré los ojos y me encomendé a Dios. Luego anunció que el gobierno había decidido cortar la señal del canal.”. La madre de Marco entró en un limbo de desinformación. Hizo muchas llamadas hasta que finalmente a las 6 pm localizó a un compañero de estudios que le habló de la foto de su hijo que circulaba en las redes sociales: rodeado por seis hombres que se le enciman, torso desnudo, franela aferrada en la mano izquierda, semblante entre el susto y la impotencia. Solo una madre tiene fielmente catalogadas las expresiones del rostro de un hijo. Y esa era, según Dorys de Coello, la foto irrecusable de la desesperación.
Su relato de la travesía para ubicarlo a través de varias dependencias del CICPC y del SEBIN se resume como la noche más larga de su vida. Pensó que el incidente no iría más allá de una breve detención. Hasta que alguien le dijo: “Su hijo está comprometidísimo”. Se quedó perpleja. El estilo de vida de Marco no combinaba con una frase de ese tenor. Ella no sospechaba la magnitud de lo que ocurría. Solo logró verlo después de estar 48 horas incomunicado. Desde entonces, la pesadilla ya lleva cinco meses de extensión.
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Marco Coello apenas tuvo diez minutos para relatar a sus padres lo ocurrido: al llegar al final de la marcha, le dijeron a la madre de su compañero que subirían una cuadra más. Ella los tenía a golpe de vista. Los veía sentados cerca de la estación del metro. Cuando comenzaron las detonaciones, salió corriendo a buscarlos. Hubo más y más disparos. Finalmente la señora alcanzó a su hijo. En la confusión, Marco los perdió y sin darse cuenta corrió hacia otro lado. Era la primera vez que acudía a esa zona de la ciudad. Estaba totalmente desorientado. Y acorralado. En un extremo había una barricada de policías con escudos protectores, en el otro se multiplicaban los encapuchados con armas. Se defendió, como muchos, lanzando piedras. Ya se hablaba de un fallecido y varios heridos. Él corrió. Quería regresar por el sitio por donde había llegado. Justo donde comenzaban los destrozos frente al Ministerio Público y la quema de vehículos. Una bomba lacrimógena estalló a su lado. Casi al borde de la asfixia, alguien le dio un trapo húmedo y un envase plástico con agua. Segundos después, lo agarraron. Junto a Christian Holdack, a quien no conocía.
A Marco se lo llevaron detenido con quince jóvenes más. Fueron presentados en el tribunal 26 de control donde a diez de ellos les otorgaron medida cautelar y a los seis restantes les dictaron privativa de libertad. Marco, aún no entiende por qué, fue uno de esos seis. Allí nació lo que se conoció en las redes como #Los6del12F. Todos coincidieron en afirmar que fueron golpeados brutalmente, rociados con gasolina, y amenazados con  armas de fuego. A Marco, que mide 1,98 mts. de altura, le envolvieron el cuerpo con un gran trozo de goma espuma, lo golpearon con extintores de incendio y bates. Le exigieron firmar una confesión donde se responsabilizaba de la violencia acontecida. En un arresto de coraje, le dijo a uno de los funcionarios: “Si quieres mátame, pero no voy a firmar porque yo no he hecho nada”.
Simplemente, había estado en el lugar equivocado.
“Yo todavía no logro entender lo que está pasando”, me insiste su madre. Ellos son tres hermanos: la mayor tiene 36 años y el otro, de 28, ya no vive en el país.  Marco es su único hijo en casa. “A mí no sólo me están quitando mi hijo, sino mi pana. Trotábamos, jugábamos tenis, veíamos películas juntos, conversábamos mucho”. Se le rompe la voz. Reconoce que solo en las noches se permite llorar. Hace semanas, le escribió una carta a la comisión de Unasur presente en el país. Intentó que sus palabras llegaran a manos de la canciller colombiana María Ángela Holguín, por razones obvias: es mujer y madre. Nunca obtuvo respuesta.
Desde que su hijo está en prisión ella ha perdido diez kilos, el sueño y la vida que tenía antes. Sabe que Marco debe pasar las noches con gente detenida por homicidio o secuestro. Delincuencia común conviviendo con un muchacho común. Marco es un joven de talante festivo, pero la reclusión le ha erosionado severamente el ánimo. Ha sufrido crisis depresivas. Le han tenido que llevar asistencia médica. “En cinco meses le ha cambiado la mirada, la forma de abordarte. Es otro”, asegura su madre.
Los tres agónicos días que duró la audiencia donde esperaban salir en libertad tuvieron un pésimo resultado. El propio Leopoldo López en su comparecencia dijo que, en última instancia, lo dejaran a él detenido pero liberaran a Marco Coello y Christian Holdack. La juez, inmutable, ordenó que los tres deberán esperar su juicio tras las rejas.
Un golpe mortal. Depresión, insomnio, angustia.
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A pesar de eso, su madre me comenta dos episodios donde aún reconoce al joven que salió de su casa a marchar el 12 de febrero. Marco reza. Reza todas las noches. En una de las dos visitas semanales que tiene permitida le comentó: “Estos panas no creen mucho en esto. Yo les digo: el que quiera rezar un salmo venga conmigo”. El menor de todos dándoles fortaleza espiritual a los demás. En otra ocasión, una señora le llevó un peluche en forma de puerco espín. Le insistió en que era un símbolo necesario para limpiar las malas energías. Con él duerme, aferrado a lo que aún le queda de niño. Sin importarle la burla de los policías.
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El Mundial de Fútbol tiene hipnotizada la atención de millones de personas. Y nadie puede condenar eso. Mi conversación con Dorys de Coello duró lo que dura un juego de fútbol, con su respectivo tiempo de alargue: 94:08 minutos.  Me cuenta que es el deporte favorito de su hijo: “Tiene en casa un balón firmado por Messi y Ronaldinho. Viajó toda una noche por carretera con su hermana a Maturín en una oportunidad que ambos estuvieron en Venezuela. Los vio, le firmaron el balón y se devolvió”. Messi estaba en el área chica de sus ambiciones.
Hoy Marco Coello pide barajitas para llenar el álbum del Mundial 2014. Graduarse. Montar bicicleta. Ir de nuevo al cine con su novia. Pide su vida de siempre.
Sólo que está en el lugar equivocado.
 
 
Leonardo Padrón
En el lugar equivocado
PRODAVINCI. Caracas, 7 de julio de 2014

Alfredo Meza: Un Gobierno militar con rostro civil

Maduro preside el desfile por la independencia de Venezuela. / REUTERS

Cada vez que asoma el mes de julio los oficiales ascendidos a la alta jerarquía de las Fuerzas Armadas venezolanas lucen sus nuevas presillas y caponas en los mejores restaurantes de carne de Caracas, en comidas rociadas con abundante whisky. Al principio solían ser celebraciones discretas porque eran unos pocos, pero desde hace algunos años son muchos.
En Venezuela hay más generales y almirantes que cargos vacantes en el estamento militar, pero eso no parece ser un obstáculo para el Gobierno del presidente Nicolás Maduro. Este año se sumaron a esos rangos 229 coroneles y capitanes de navío, siguiendo una costumbre iniciada hace cuatro años por su antecesor, Hugo Chávez. Ha sido la manera que ha encontrado el chavismo no solo de honrar sus orígenes castrenses, sino de estimular a quienes les han servido de principal soporte en tres lustros, más allá de la obligación impuesta en la Constitución venezolana. El de Maduro es un Gobierno militar con una fachada civil.
La cifra contrasta con lo que era una costumbre incluso con Chávez en el poder. Si en 2006 apenas ascendieron siete oficiales a general de división fue porque todavía era norma la costumbre de solo cubrir las bajas por retiro. Eso fue cambiando con los años después de las reformas a la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana —que agregó dos nuevos escalafones (mayor general y general en jefe) a los dos existentes (general de brigada y general de división) en la alta jerarquía— pero en definitiva con un asunto más intangible como el significado de la justicia. Chávez, que le había quitado la competencia al Senado tras promover un Parlamento unicameral en la Constitución de 1999, siempre consideró como una injusticia que las decisiones de ascenso estuvieran en manos de civiles. En los Gobiernos civiles que le antecedieron, según Chávez, muchos buenos oficiales se quedaron a las puertas de los altos cargos postergados por otros, menos talentosos, que se ocupaban de forjar buenas relaciones con la dirigencia política. Pero salvo la cantidad de militares de alto grado, una rareza en América según los estudiosos del tema, el chavismo también utiliza las promociones como una manera de premiar la lealtad.
Solo unos pocos de esos nuevos generales y almirantes ocuparán puestos de mando. Otros serán trasladados a cargos clave en la administración pública, algunos se quedarán sin destino dentro de las fuerzas armadas y el resto, muy pocos en realidad, terminarán su carrera militar con el ascenso. El último de los nombramientos más resaltantes en cargos administrativos fue el de Giuseppe Yofreda, un saliente comandante general de la aviación, como presidente de la recién creada Corporación Venezolana de Comercio Exterior, la instancia creada por Maduro para centralizar las importaciones del Estado venezolano a la tasa sobrevaluada de 6,3 bolívares por dólar. Es un poder incluso mayor que comandar tropas. En Venezuela ponerle la mano a los dólares baratos que entrega el Estado para luego revenderlos en el mercado negro, que multiplica por doce su valor, es la vía más rápida para hacerse rico.
La mayoría de esos oficiales son parte de una gran oligarquía castrense que controla el país y está consolidando lo que la directora de la ONG Control Ciudadano, Rocío San Miguel, ha llamado “el diseño de un Estado militar”. “Se busca que la sociedad se intimide y se subordine a sus designios”, agrega. Los militares retirados, además de altos cargos públicos, gobiernan el 52% de los estados, ocupan ministerios y la presidencia de la Asamblea Nacional. Su poder tiene amplias ramificaciones políticas y económicas, como ha ocurrido con más o menos preponderancia en casi 200 años de vida republicana, que se ha fortalecido con la reciente decisión del Tribunal Supremo de Justicia de permitir a los militares su participación en actos proselitistas. Se trata en definitiva de un tutelaje sobre lo civil que apenas se interrumpió entre 1958 y 1998, cuando en Venezuela se sucedieron elecciones cada cinco años y se eligieron presidentes civiles, y del cual se hace constante gala. Un ejemplo: el último orador de orden de la sesión del 5 de julio en la Asamblea Nacional, que conmemora el aniversario de la firma del acta de la independencia venezolana, fue el general en jefe Vladimir Padrino López, jefe del Comando Estratégico Operacional, la máxima instancia operativa de las fuerzas militares.
Entre los nuevos ascensos destaca el del nuevo general en jefe Jacinto Pérez Arcay, un anciano maestro de Chávez reincorporado a la actividad militar por órdenes del líder bolivariano. Pérez Arcay tiene una prosa ampulosa que suele poblar de adjetivos rimbombantes el relato de la independencia nacional. Maduro lo ha mantenido como una suerte de asesor en temas históricos que despacha en el palacio de gobierno. Tanto él y los nuevos generales y almirantes recibieron sus insignias delante de la tumba de Hugo Chávez, en el cuartel de la Montaña, el nuevo lugar de peregrinación de la oficialidad venezolana.

Alfredo Meza
Un Gobierno militar con rostro civil
El País. Madrid, 10 de julio de 2014

Nitu Pérez Osuna: Lo que la mayoría vive y la minoría no ve

Mientras el pueblo hace magia para sobrevivir a la escasez en todas las áreas, los llamados dirigentes de todos los colores se pelean por candidaturas

En Venezuela la mayoría del siente que sus angustias no son prioridad para la dirigencia. El monopolio comunicacional del partido de Gobierno sólo reseña supuestos planes magnicidas o conspiraciones producto de sus propios miedos, deficiencias e incapacidades. Pero también brindan espacios a sectores de la oposición que han decidido criticar a sus pares y culpar a "la salida" del frustrado diálogo que no arrojó ningún resultado positivo. Mientras tanto, ¿qué vive el pueblo?

En Guayana región ubicada en el sur del país, por ejemplo, los sidoristas protestan desde el pasado lunes, día en el cual obstaculizaron el tránsito e incendiaron un autobús de la flota de la empresa "para llamar la atención de las autoridades”. Los trabajadores afirman que el régimen presidido por quien se autocalifica "obrerista" se ha burlado de ellos. Luego de pasar 30 días sentados en “mesas de alto nivel” para discutir el contrato colectivo que lleva 4 años vencido, sólo les ofrecieron un “paquetazo” inaceptable para ellos. Los representantes del ejecutivo, como es su costumbre, le dieron un palo a la lámpara y se marcharon sin llegar a ningún tipo de acuerdos.

"S.O.S Hidrocapital, no somos camellos” rezan carteles en el oeste de Caracas...y es que el vital líquido brilla por su ausencia no sólo en la zonas populares de la capital, sino también en el este, norte, centro y sur de todo el país. Ni para beber se consigue el agua gracias al desabastecimiento de botellas plásticas y de vidrio para embasarla. Por ello, padres y representantes de escuelas de la provincia, protestan y protestan exigiendo coloquen agua POTABLE en bebederos para sus hijos. Pero la verdad es que no hay ni para bañarse hasta el ganado muere de sed, según lo ha informado Jesús Cepeda, diputado por el estado Guárico, quien indicó que la sequía en los sectores agrícolas significará menor producción de carne para el país... Sucios, sedientos y sin comida, pues.

Ni hablemos de la luz...lo que hay como monte son apagones y las velas que podrían auxiliarnos con tanta oscuridad, tampoco se encuentran. Las empresas fabricantes de ellas afirman no tener los insumos para su producción. Amigo lector, nos quitaron la posibilidad de encenderle velitas a nuestros santos para rogarles nos ayuden a salir de este desastre.

Mayor tragedia es la que vivimos en el sector de la salud....ni un rutinario examen de sangre nos podemos hacer sin realizar un tour hasta por 30 centros asistenciales públicos y privados. Y es que La Federación de Colegios de Bioanalistas de Venezuela denunció que "persisten las carencias de insumos y materiales en los hospitales para la realización de hematologías y pruebas diagnósticas" ¿Dónde queda el derecho a la salud como lo debería garantizar el Estado venezolano por mandato constitucional?

En Venezuela no sólo tenemos que cuidarnos del hampa desatada que acaba con la vida de un ciudadano cada 20 minutos, sino que ahora, debemos protegernos de los batallones de mosquitos llamados "patas blancas". No podemos dejarnos picar por ellos no vaya ser que contraigamos el virus chicungunya que este domingo arribó a la cifra de 28 casos reportados por el mismísimo Ministerio de Salud.

Lo peor del asunto es, que quienes viven en zonas distantes de la capital como el Puerto Ayacucho, El Tigre, La Fría, o Barlovento, temblando de fiebre y con malestar general deben recorrer cientos de kilómetros hasta Caracas, específicamente al Instituto Nacional de Higuiene Rafael Rangel o a Medicina Tropical, únicos entes que en los actuales momentos tienen los kits de diagnósticos para confirmar la enfermedad para poder tratarse adecuadamente. Mejor ni le cuento sobre el dengue...este anda con el moño suelto...pero no hay autoridad que quiera hablar la verdad del asunto.

En fin, debemos evitar enfermarnos porque según un artículo aparecido en LaVerdad.com "la escasez prolongada desde 2013 afecta tanto a clínicas como a hospitales. De los 239 productos, fármacos y equipos médicos de uso corriente, 200 estaban agotados en el país" ¿qué tal?

Mientras el pueblo hace magia para sobrevivir a la escasez en todas las áreas, los llamados dirigentes de todos los colores se pelean por candidaturas para ocupar curules producto de elecciones a realizarse en los años por venir. Es que hasta "ubicatex" falta en este país. Sólo hay quepatear la calle y escuchar la desesperación de los venezolanos quienes han perdido la fe en unos y otros porque su problema, al parecer, no es prioridad para nadie. Pero siempre, nos cuenta la historia, en los peores momentos, los de mayor crisis los pueblos despiertan y entonces...

Usted sabe el resto.

Nitu Pérez Osuna
Lo que la mayoría vive y la minoría no ve
Diario Las Américas. Miami, 10 de julio de 2014