El proceso seguido contra el líder del Partido Voluntad Popular (VP), Leopoldo López, sólo ha logrado subrayar la total falta de independencia del sistema de justicia bajo el Gobierno de Nicolás Maduro.
Desde la detención misma del joven líder opositor, todo lo relacionado con el proceso seguido contra López ha tenido tristemente los tintes de una mala función de circo chavista (valga la redundacia): una cacería al mejor estilo gorilesco de las dictaduras latinoamericanas por toda Caracas para hallar a López; un excesivo despliegue de fuerza por parte de Miraflores para "apresar" a un líder político que, a fin de cuentas, se estaba entregando voluntariamente rodeado de un mar de seguidores y hasta la presencia del propio presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello (esa suerte de Napoléon tropical que le ha tocado sufrir al país sudamericano), en funciones de chofer para conducir al coordinador de VP hasta el primer sitio de su larga detención.
El encarcelamiento de López ha estado tildado por las arbitrariedades, su confinamiento en solitario y la suspensión de visitas como castigo. A la detención, Miraflores ha sumido la tortura psicológica como herramienta para quebrar su voluntad y amenazar a otras figuras de la oposición.
En varias ocasiones su presentación en audiencia fue diferida y cuando finalmente se celebró, se convirtió en un puesta en escena en la que a la defensa le fueron negados varios derechos y la decisión llegó, como en los cuartelazos, de madrugada y tras evidentes varias presiones del Gobierno y, quién podría dudarlo, sus padrinos políticos de La Habana.
La injusticia contra Leopoldo
Diario Las Américas. Editorial
Miami, 8 de junio de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
Argelia Ríos: La conjura de los rojos
"El heredero" encara una descomunal componenda endógena
Es un temor cervical, una inquietud insoportable. Lo que el madurismo experimenta va alcanzando rasgos patológicos. Las covachas de la revolución son un hervidero de intrigas. Una de las últimas maquinaciones gira alrededor de la familia Chávez y del terremoto político que podría generar su eventual salto a las arenas públicas. Una sola crítica de cualquiera de sus miembros más connotados pulverizaría la posibilidad de que Maduro consiguiera el respeto que aún no ha logrado dentro de las filas del oficialismo. Las versiones acerca de ese catastrófico imponderable, serpentean entre los muros impenetrables de la revolución, desde donde siguen brotando señales inequívocas del escalamiento que viene sufriendo el conflicto interno...
Una reciente reunión realizada en Barinas habría desencadenado la tormenta: el desastre en que ha devenido el país sería la causa del encuentro de los dolientes directos del comandante, cuyos ecos todavía estarían tronando en Miraflores y en los rincones del PSUV... La opinión de la "familia real" cuenta demasiado en esta historia, en la cual también hay líneas que corresponderían a un nutrido grupo de gobernadores militares, unidos en torno a un diagnóstico común acerca del caos ocasionado por Maduro. El tema, por cierto, no sólo ocupa la atención de Dieterich: también es ritornello entre los anillos cercanos al "heredero", donde se esfuerzan en deshilvanar las puntadas, para intentar abortar cualquier emboscada en ciernes.
Todos los registros narran un penetrante malestar, en el que no sólo están contabilizados los trapicheos de Cabello y de los grupos de la izquierda más radical: a juzgar por el enjundioso cotilleo bolivariano, "el heredero" encara una descomunal componenda endógena, que se nutre de su lánguido average popular y, desde luego, de la impaciencia causada por una crisis cuyo calibre, en este momento, beneficiaría la emergencia sorpresiva de "cualquier cosa"... Los rudos desencuentros internos de la revolución constituyen el marco en medio del cual se ha formulado la denuncia sobre los preparativos de un supuesto golpe de Estado: una acusación basada en el presupuesto de que todas las condiciones -políticas, sociales y económicas- estarían dadas para que ocurriera una insurgencia contra Maduro, que no necesariamente contra toda "la sucesión".
La obsesiva vocación por el disimulo ha colocado a la "derecha fascista" en el eje único de la denuncia. Maduro no se atreve a señalarlo, pero los indicios están hablando de una conjura de procedencia revolucionaria. También los rojos hablan sobre la renuncia; también ellos se pasean por esa opción: por eso el temor a la familia Chávez y por eso los mendrugos para ella.
Argelia.rios@gmail.com / @Argeliarios
La conjura de los rojos
Argelia Ríos
El Universal. Caracas, 6 de junio de 2014
Es un temor cervical, una inquietud insoportable. Lo que el madurismo experimenta va alcanzando rasgos patológicos. Las covachas de la revolución son un hervidero de intrigas. Una de las últimas maquinaciones gira alrededor de la familia Chávez y del terremoto político que podría generar su eventual salto a las arenas públicas. Una sola crítica de cualquiera de sus miembros más connotados pulverizaría la posibilidad de que Maduro consiguiera el respeto que aún no ha logrado dentro de las filas del oficialismo. Las versiones acerca de ese catastrófico imponderable, serpentean entre los muros impenetrables de la revolución, desde donde siguen brotando señales inequívocas del escalamiento que viene sufriendo el conflicto interno...
Una reciente reunión realizada en Barinas habría desencadenado la tormenta: el desastre en que ha devenido el país sería la causa del encuentro de los dolientes directos del comandante, cuyos ecos todavía estarían tronando en Miraflores y en los rincones del PSUV... La opinión de la "familia real" cuenta demasiado en esta historia, en la cual también hay líneas que corresponderían a un nutrido grupo de gobernadores militares, unidos en torno a un diagnóstico común acerca del caos ocasionado por Maduro. El tema, por cierto, no sólo ocupa la atención de Dieterich: también es ritornello entre los anillos cercanos al "heredero", donde se esfuerzan en deshilvanar las puntadas, para intentar abortar cualquier emboscada en ciernes.
Todos los registros narran un penetrante malestar, en el que no sólo están contabilizados los trapicheos de Cabello y de los grupos de la izquierda más radical: a juzgar por el enjundioso cotilleo bolivariano, "el heredero" encara una descomunal componenda endógena, que se nutre de su lánguido average popular y, desde luego, de la impaciencia causada por una crisis cuyo calibre, en este momento, beneficiaría la emergencia sorpresiva de "cualquier cosa"... Los rudos desencuentros internos de la revolución constituyen el marco en medio del cual se ha formulado la denuncia sobre los preparativos de un supuesto golpe de Estado: una acusación basada en el presupuesto de que todas las condiciones -políticas, sociales y económicas- estarían dadas para que ocurriera una insurgencia contra Maduro, que no necesariamente contra toda "la sucesión".
La obsesiva vocación por el disimulo ha colocado a la "derecha fascista" en el eje único de la denuncia. Maduro no se atreve a señalarlo, pero los indicios están hablando de una conjura de procedencia revolucionaria. También los rojos hablan sobre la renuncia; también ellos se pasean por esa opción: por eso el temor a la familia Chávez y por eso los mendrugos para ella.
Argelia.rios@gmail.com / @Argeliarios
La conjura de los rojos
Argelia Ríos
El Universal. Caracas, 6 de junio de 2014
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