viernes, 4 de abril de 2014

Pedro Corzo: Venezuela, laboratorio represivo de los Castro

Venezuela, laboratorio represivo de los Castro

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PEDRO CORZO

El Nuevo Herald. Miami, 4 de abril de 2014
 
 
Muchos consideran que los principales rubros de exportación del castrismo son los servicios médicos y otras categorías de profesionales, pero olvidan incluir otros más singulares y productivos, que aunque habían sido facilitados a otros países, ha sido en Venezuela donde mejor se ha podido apreciar su sofisticación y los grandes beneficios que recibe el proveedor, Cuba, a cambio.
Venezuela es para el régimen de los hermanos Castro una especie de laboratorio en el que han podido ensayar nuevas tácticas represivas, desestabilizadoras, divisivas, readaptar viejas fórmulas restrictivas e instrumentar sistemas de control acordes con los nuevos medios de comunicación.
Es una realidad que las más de cinco décadas de régimen totalitario de los Castro les han permitido sumir al pueblo cubano en niveles de pobreza extrema y en una lastimosa crisis de valores que solo se revertirá cuando el compañero se convierta en ciudadano, recupere la esperanza y sea capaz de construir su propio futuro.
Pero el fracaso al no procurar para los gobernados un mejor nivel de vida y de oportunidades no ha afectado a los funcionarios del régimen, ya que han adquirido sustanciales y variados conocimientos y experiencias en ramas del poder, que aunque no son propiamente productivas, hacen posible que conserven el mando y reciban beneficios tangibles e intangibles cuando exportan a mercados especiales, ávidos de ese conocimiento.
En todo el hemisferio no hay un aparato represivo con la experiencia del cubano, ni con similar capacidad de mutar de victimario a víctima. Los fusilamientos de las décadas de los 60, 70 y 80 no guardan similitud con la oleada represiva de la Primavera Negra, salvo las largas sentencias a prisión, y éstas no se parecen a los arrestos temporales del presente.
Los represores cubanos lo mismo actúan como oficiales de un cuerpo del estado o como ciudadanos indignados, léase paramilitares.
Otro renglón que le produce a la dictadura insular muchos beneficios son sus conocimientos sobre actividades de espionaje, infiltración y desinformación. Sin dudas fueron alumnos aventajados de los soviéticos y alemanes, porque a pesar de sus errores, cuentan con recursos para influir o al menos desviar de sus objetivos, a algunos rivales y adversarios.
Para ejercer influencia y control sobre sus enemigos cuentan con el conocimiento de la condición humana que les han otorgado cincuenta y cinco años de tortura física y mental, la oportunidad de haber manipulado a grandes masas de individuos, la regulación de la miseria y la concesión de privilegios, pero también poseen una noción de cómo puede actuar un individuo ante diferentes circunstancias.
El chantaje o el soborno el castrismo lo ha llevado a cotas difíciles de imaginar. Graban hasta lo más insignificante de una persona de interés, incluidos amigos y aliados. Su uso depende de las características del objetivo. La cartera de recursos es tan amplia como situaciones que la persona quiera ocultar.
Controlar o al menos influir en el campo enemigo es de vital importancia. Sitúan topos, gente que se presenta muy dispuesta, capaz y obediente, que se gana la confianza de quienes le rodean y que sutilmente incentiva las diferencias entre quienes lideran una posición o proyecto.
El servicio exterior de Cuba tiene vasta experiencia, son pocos los países que tienen un cuerpo diplomático tan capaz y tan comprometido con su gobierno, y no con el estado que supuestamente representan y ese es en la actualidad el objetivo de la cancillería venezolana.
Los diplomáticos venezolanos deben ser militantes. Individuos comprometidos con el pensamiento oficial. Defensores a ultranza del régimen y agresores contra los que disientan.
Los sujetos de la diplomacia cubana reciben beneficios proporcionales al servicio que prestan. Reciben una fuerte preparación en los entramados de la diplomacia. Son burócratas inocuos que cuando sus superiores lo determinan, se transforman en espías protegidos por su inmunidad.
No hay gobierno que tenga más diplomáticos expulsados por espiar que el cubano, y es de esperar que sus pares venezolanos estén recibiendo preparación en ese sentido.
Por supuesto que las Fuerzas Armadas Venezolanas son el más importante objetivo del castrismo. Catequizar a los altos mandos, pero también a los oficiales de menor graduación en la ideología oficial es determinante, al igual que detectar los individuos que por sus convicciones o por intereses son imposibles de captar.
Habrá excepciones, pero los altos mandos militares de Venezuela están politizados o corrompidos por los favores que les otorga el Ejecutivo. El número de oficiales superiores que prestan servicios en las diferentes ramas de la administración pública es muy elevado, una situación similar a la cubana.
Enfrentar estos regímenes genera muchos mártires. Cuba y Venezuela tienen sus siembras de patriotas, pero aún le restan muchos hombres y mujeres capaces de derrotar una estructura despiadada del poder que a pesar de su fortaleza, no es invencible.
Periodista de Radio Martí.

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Eduardo Posada Carbó: La libertad de prensa en Venezuela

La libertad de prensa en Venezuela
EDUARDO POSADA CARBÓ
El Tiempo. Bogotá, 4 de abril de 2014.

Si hay dudas sobre cómo definir a un régimen político, basta examinar sus actitudes frente a la prensa.

A los regímenes políticos y sus gobernantes se los conoce por sus actitudes frente a la prensa.

En Venezuela, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ha decidido emprenderla contra el diario Tal Cual por una columna de opinión en la que se le atribuye la frase: “Si no les gusta la inseguridad, váyanse”.

Teodoro Petkoff –editor del periódico–, su plana directiva y el autor del artículo, Carlos Genatios, se encuentran hoy acusados de difamación agravada, sujetos a medidas cautelares que les impiden salir del país y sometidos a un juicio con posibles penas de hasta cuatro años de cárcel. El presidente de la Asamblea venezolana ha negado que haya pronunciado las palabras que le atribuyó la columna de Tal Cual. La frase parece tan inocua que despierta curiosidad por el contenido del artículo.

¿Qué dice la columna que provocó tan indignada reacción?

Genatios criticó las condiciones actuales de Venezuela bajo un titular y tres palabras: ‘Patria, socialismo y muerte’. La primera se encontraría socavada por la pérdida del poder de la moneda y el dominio creciente de otras naciones en diversas actividades económicas y de inteligencia. El segundo, “¿socialismo? No hay”, respondió el columnista. “¿Muerte? Eso sí...”. Más de 24.000 muertes violentas en el 2013. Y seguía la frase que el presidente de la Asamblea Nacional niega haber dicho: “Si no les gusta la inseguridad, váyanse”.

Simpatizantes o no del régimen bolivariano pueden encontrar en la columna de Genatios razones para disentir de sus críticas. Lo que no parecen existir son válidas razones para que el autor del artículo, el editor y los directivos del periódico deban responder por ella ante los estrados judiciales, a menos que existiese el delito de opinión.

Tal delito, según la Constitución venezolana, no existe. Pero el régimen chavista cuenta por lo menos con dos “leyes mordazas”, aprobadas en el 2004 y el 2010, que constituyen amenazas a la libertad de expresión.

Las acciones contra Tal Cual son otro reflejo de las actitudes hostiles del chavismo frente a la prensa. Un ministro en algún momento habló de la “hegemonía comunicacional”, en evocación de Gramci, para defender la mayor presencia del Estado en los medios (El País, 20/09/13).

Sin embargo, según el director del diario El Nacional, Miguel Hernández Otero, se trata de “una estrategia para silenciar el periodismo independiente”. El Nacional es uno de los periódicos que están sufriendo hoy por la escasez de papel, como resultado de las restricciones de divisas que impiden su importación. Un grupo de periódicos latinoamericanos ha decidido lanzar una campaña para defender la libertad de prensa en Venezuela. En una acción liderada por Andiarios, de enorme importancia simbólica, los periódicos colombianos les han enviado 52 toneladas de papel a sus colegas venezolanos.

“Con la libertad de prensa –dijo Albert Camus–, las naciones no están seguras de si caminan hacia la justicia y la paz. Pero sin ella están seguras de que allí no irán”. Camus pronunció estas palabras en el homenaje al director de EL TIEMPO Eduardo Santos, en 1955, exiliado entonces por la dictadura en París –un discurso que harían bien en repasar los gobernantes venezolanos–.

La libertad de prensa vive bajo constante acoso. Hoy sufre una nueva ola de amenazas que parece global. En Ecuador, los celos del Gobierno no soportan las caricaturas. En Turquía, bloquean a Twitter. En Venezuela, la frase inocua de un columnista desata un juicio criminal. Y los periódicos se van quedando sin papel.

Si hay dudas sobre cómo definir a un régimen político, basta examinar sus actitudes frente a la prensa.

Leandro Area: Flexión y reflexión

Flexión y reflexión
LEANDRO AREA
El Nacional. Caracas, 4 de abril de 2014
No sé cuál de las dos toma la iniciativa o gana la delantera en la aventura de estar vivos en la Venezuela de hoy. Lo cierto es que por encima de altas discusiones sobre cuál es primero, si la flexión o la reflexión como sinónimos de acción y de pensamiento, ambas deberían al menos complementarse y transformarse mutuamente. Porque la acción no es solo hacia delante, desbocada cual caballo sin bridas, pues puede serlo también en retroceso, hacia los lados incluso. Hasta omitir una acción es también una acción. Además, no tiene que ser ella permanente, aunque lo sea constante, en el sentido de a cada instante, ya que también requiere del descanso, del respiro y de la reflexión para mirar lo andado y sacar cuentas. Porque la reflexión, el pensamiento, llamémosla teoría, no es tan solo memoria, orden, análisis, introspección, sino que también sirve para mirar hacia adelante, predecir escenarios, construir realidades. Porque eso sí tienen ambas en común, y es la decisión de alcanzar una meta. No solo en el sentido material o pragmático, pues los ideales y los sueños requieren de las dos, y cómo, aunque no sepa bien si en ese orden. El pensamiento es siempre un constructor insatisfecho y a veces sobre todo en las disquisiciones más metafísicas, si así pueden llamarse las elucubraciones sobre el ser y la nada o sobre la inmortalidad del cangrejo, temas ambos que tanto se parecen. El cerebro es siempre una máquina que desea; es órgano ambicioso y no descansa; trabaja hasta durmiendo.
Puede decirse además que existen variados tipos de flexiones y reflexiones, como por ejemplo aquellas que tienen que ver específicamente con la política, que es ciencia y arte al mismo tiempo, o contradicción entre ambas, o además, para colmo, quién sabe, adobada con los aliños de la intuición, el talante, la química personal, el olfato, el hígado y demás. Agreguemos a ello que hay condiciones y tiempos en los que se realiza la flexión y la reflexión políticas, donde unos dan más espacio, son proclives para la discusión, la tinta, el foro, el escritorio, mientras que en otros es necesaria la respuesta inmediata, la acción bajo la presión inclemente de los acontecimientos. Un capitán de barco debe estar siempre preparado para enfrentar, esquivar sería lo más sensato, tormentas y tifones, pero cuando estas llegan de improviso, lo aprendido en manuales y charlas es insuficiente cuando no desastroso. En todo caso, alguien por allí aconseja que no hay nada mejor que cargar una buena teoría en el bolsillo, por si acaso. Yo lo secundo.
Otra cosa es que la política puede hacerse en condiciones “normales”, es decir, las que imperan en un sistema democrático, dentro y a través de los partidos políticos, los grupos de interés o de presión y órganos tanto privados como públicos. Igualmente puede elaborarse desde el gobierno o desde la oposición, o desde ambos ya que en democracia el oponente no es sinónimo de enemigo y, además, ella implica el principio de la alternancia en el ejercicio del poder. En dictadura todo cambia drásticamente, y la política y los que la practican son los primeros perseguidos políticos del ogro del que hablamos y se les llama de distintas maneras; existe todo un diccionario de insultos para cada ocasión, como, por ejemplo, conspiradores, golpistas, traidores a la patria, fascistas, terroristas mediáticos y demás epítetos, insultantes todos, siempre groseros y oprobiosos. En el caso venezolano, ni se diga el rosario de descalificaciones, acusaciones y enjuiciamientos que cargamos encima los que pensamos distinto de los que mandan. Aquí el disenso es un delito. Y para colmo, esa realidad impuesta desde el chavismo lo ha satanizado todo, implantando el maniqueísmo político, que ha invadido incluso a sectores de la llamada oposición democrática, que no aceptan matices sino radicalismo. Insultos como, por ejemplo, “vendido” y colaboracionista (véase Twitter) se oyen decir contra quienes osan abogar por el diálogo como salida a la crisis política.
Aparte, en circunstancias apremiantes como las actuales, el espacio, la “distancia” entre flexión y reflexión se achica. En tiempos democráticos esa relación es más “cómoda” y propicia a la natural maduración. En cambio, en dictadura total, o en pérdida gradual o acelerada de las condiciones democráticas de existencia, esa distancia se acorta, lo que hace que ambas tiendan a yuxtaponerse, creando así un vacío de tiempo que hace inevitable su solapamiento, como lo demuestran, por ejemplo, las típicas reacciones en situaciones de supervivencia que casi siempre son automáticas y desesperadas.
El tema es para largo, claro está, y en la Venezuela de hoy es difícil pero necesario pensar en estos problemas que la propia realidad política dificulta. Porque los tiempos de hoy son apabullantes, inmisericordes, y darán para la reflexión de largo aliento y el recogimiento necesario cuando salgamos de este trance que, cual espina en la tráquea, nos mantiene al borde de un abismo, que no es sino una tenue línea que separa la genuflexión que desean de nosotros los que gobiernan de la libertad a la que aspiramos y por la que luchamos los demás. Sea como sea, esa es la disyuntiva de esta hora.