domingo, 11 de octubre de 2015

Tulio Hernández: Dilemas éticos de la supervivencia

Durante mucho tiempo Venezuela, vamos a decirlo así, fue un país importador de trabajadoras sexuales. Uso el término propuesto por el gobierno para “dignificar” los reunidos en el DRAE: prostitutas, mujeres públicas o meretrices.
Las crónicas hablan del prestigio de las trabajadoras de cama francesas entre las élites del siglo XIX. En “El inquieto Anacobero” de Salvador Garmendia, dos personajes claves, La Tamborito y Miss Panamá, provienen de vecinos países del Caribe. Y en el siglo XX el atractivo de las venidas de Colombia era tan grande como la cantidad de pesos equivalentes a un bolívar.
Ahora parece que la balanza comercial cambió. Además de petróleo y profesionales universitarios, Venezuela sería un país exportador de trabajadoras sexuales. La cortina la corrió el cierre de la frontera. Un periodista cucuteño cuenta que entre las consecuencias menos conocidas de aquella operación destaca la cantidad de venezolanas que quedaron atrapadas en los “chuchos”, como llaman en Cúcuta a las “casas de citas”.
Cuenta nuestro informante que aquellas venezolanas, que pasan la frontera por la tarde y regresan al despuntar el alba, son una competencia desleal para las locales. Suelen ser más jóvenes y cobran a mitad de precio. Es comprensible. Gracias al diferencial cambiario, una buena jornada de trabajo sexual en pesos un fin de semana le reporta el equivalente al salario en bolívares de tres meses de una secretaria o una cajera. “Es injusto con las locales, las venezolanas les hacen dumping”, concluye con cierta sorna nuestro amigo colombiano.
A Panamá también están viajando. Durante mucho tiempo en este país la mayoría de trabajadoras sexuales prestigiosas provenían de Colombia y Paraguay. Ahora, es vox populi, también de Venezuela. Pero al contrario de lo que ocurre en la frontera, en Ciudad de Panamá, respaldadas por la imagen de marca del Miss Venezuela, nuestras connacionales se han convertido en el top de la movida prostibularia de lujo.
No sabemos cuánto de legalidad o ilegalidad haya en la manera de ejercer estos oficios. Pero lo que sí está claro es que se trata de una de las tantas estrategias a las que nuestros y nuestras compatriotas están recurriendo para mantenerse a flote en medio de la debacle económica.
Recurrir a formas de comercio ilícito, el contrabando, el acaparamiento, la especulación, se han hecho prácticas frecuentes a las que recurren miles y miles de personas comunes. A los dramáticos efectos propiamente económicos de la inflación y el desabastecimiento hay que añadir como calamidad las repercusiones morales.
Las fronteras éticas entre lo legal y lo ilegal; lo permitido y lo delictivo; lo digno y lo indigno, se evaporan. Sin incluir a aquellos generales y guardias nacionales que hace mucho cruzaron la barrera del grado cero de la honradez, un bachaquero encuentra plenamente justo vender un producto a cuatro o cinco veces el precio en que lo adquirió dadas las horas de cola que hizo para legar a él. Y, lo peor, quien lo paga, en el fondo se siente agradecido. Consiguió el producto.  
La degradación por la subsistencia es un proceso conocido. Hace años Maruja Torres, desde la mirada severa de una feminista, publicó en El País de Madrid un conmovedor reportaje sobre el turismo sexual a Cuba. Con doscientos euros más un “combo” –compuesto por ropa íntima, cosméticos, toallas sanitarias, medias de nylon– un español promedio podía hacerse de una exuberante jinetera, como llaman en la isla a las trabajadoras sexuales, por una semana.
El cine también ha dejado excelentes testimonios. Hace años, en un festival de cine en La Habana, asistí al estreno de Adorables mentiras, una excepcional película crítica. En una escena clave, una jinetera veterana le dice a su amiga: “Es que cada vez que escucho a Fidel decir que el comunismo acabó con la prostitución en Cuba me dan ganas de tirarme por la ventana”.
En la sala se escuchó una exhalación coral de asombro contenido. Y algunos, discretamente, se atrevieron a aplaudir.
 
Tulio Hernández
Dilemas éticos de la supervivencia
El Nacional. Caracas, 11 de octubre de 2015

Leonardo Padrón: Un lento y feroz comienzo

Será un lento y feroz comienzo. Lento por lo eterno que todavía es. Feroz por todo lo que hay en el camino, dilapidado, roto, exánime. Por la gravedad de las heridas, por la cantidad de escombros, por la cólera que hay untada en las paredes. Un comienzo del tamaño de un día, de un año, de una generación. Ya no importa la dimensión. Importa que ocurra. Ya los venezolanos no pueden tener otra cara más honda que la desesperación. Es tiempo de resolver las estridencias. Hemos sido un atajo de errores. Un país equivocado. ¿Qué país no ha sido un error alguna vez? Hay errores que han costado seis millones de cadáveres. Hay errores que patean la historia y la rompen en dos. Nosotros también. Somos un error de la talla de los caudillos elegidos: enfermos de gloria y ego, intoxicados de resentimiento, frenéticos, deslucidos en su hacer. Somos un error tercermundista, con soluciones frágiles, inciertas y cambiantes. Pero debemos intentarlo otra vez. Ser mejores que nuestro último error. Ser enmienda. Rectificación. De eso nos va la vida hoy.   
                        Ya basta de escaldar nuestras lesiones con tanta saña, de desgastarnos hablando mal de nosotros mismos, enumerando nuestras miserias a voz en cuello, en televisión, en los restaurantes, en las colas de la farmacia o el supermercado. No aguardemos la foto unánime y feliz de nuestros dirigentes. La oposición entera no cabe en el ángulo de una cámara. La oposición son muchas caras, mucha gente, muchos lugares del país. Todo ciudadano de bien se opone a este paisaje de ruina que hoy somos. Todo obrero, maestro, vecino, artista, oficinista, ama de casa o estudiante se opone a  este cataclismo, a esta zona de guerra, a este punzante saqueo de nuestras arcas. Todo venezolano decente se opone a tanto agobio y sordidez. Todo venezolano cuerdo rechaza un nuevo triunfo de la incompetencia. Hoy, ¿quién lo duda?, legiones de simpatizantes del chavismo están alarmados ante este naufragio monumental.
 No esperemos por la aparición del hombre predestinado, del esclarecido que sacudirá a las masas como un flautista de Hamelín en clave de música latina. No dependamos de la llegada de una docena de expertos en campañas electorales, ni de la condena planetaria al régimen. No aguardemos por un futuro premio Nobel que invocará la perfecta estrategia de la redención nacional. Nuestro caos nos pertenece. Entre todos lo hemos hecho prosperar. Con la rapiña y ambición del régimen, con la desidia e impericia de muchos de nosotros. Por eso, entre todos toca remediarlo.
Y ya no importa si a algunos no les gusta la vehemencia de Chuo Torrealba, los arcaísmos de Ramos Allup o la intensidad de María Corina Machado en el flanco de la oposición. No se trata de seguir condenando a Henrique Capriles por lo que hizo o dejó de hacer o a Leopoldo López por la salida a la calle o la entrada a la cárcel. No importa si entre ellos existen desencuentros o apetencias propias. Ni si algunos son poco creativos o asertivos. No interesa ya si no nos entusiasma cómo habla uno o grita el otro. En todo caso, y he aquí el oro, son gente que cree en la alternancia y el disenso. Gente que propone otra forma de vida. Donde el mérito es un valor. Donde el conocimiento importa más que el color de la camisa que vistas. Donde la tolerancia se impone sobre los dogmas. Donde la libertad no es solo un sustantivo que calza en un himno. No interesa ya si este se ha dormido o aquel comete deslices. No importa si alguno suena a reliquia del pasado, a eslogan de derecha, a guerrillero arrepentido, a tecnócrata sin carisma. Importa que son ciudadanos fuera de un cuartel o de una trasnochada ideología (que termina también siendo un cuartel). No importa si señalan la luz en bosques distintos. Lo crucial es que creen en la luz. Y que cada día optan por apostar, no por claudicar. Nuestros líderes están plagados de defectos, como nosotros, como nuestras parejas o amigos. Pero se trata de que nos encontramos en estado de emergencia nacional. O nos salvamos o nos hundimos todos.
                                   Será un lento y feroz comienzo cuando por fin el noticiero, exhausto de su vaho eterno de malas noticias, de su olor a formol y granada, asome una noticia distinta a la de estos últimos 16 años. Una noticia que hable de una nueva oportunidad. Y el camarógrafo triste por la tristeza de todos los días será otro en su mirada. Y el redactor, y la productora, y los televidentes, la doméstica de pies hinchados, el ejecutivo expropiado, el maestro de ruinoso sueldo, el bachiller sin útiles, el mecánico sin repuestos, el médico sin insumos, en fin, todos, qué digo todos, el país entero, agotado en su aliento de animal herido, cansado de sus muertos, de la quejumbre, de las colas y la miseria y el arroz que no hay, que otra vez no llegó, que quizás mañana o tal vez más nunca,  y de la voz en cadena que recita mentiras, que decreta una felicidad imposible, un olor a rosas que no están, un mar que ya no es la utopía, sino una estafa más, como esta turbia historia de militares enriquecidos, de gente yéndose de donde no quiere irse, de gente agazapada detrás de sus puertas, con miedo a la vida porque ahora huele a muerte, de gente que ahora es menos, que ahora tiene un presente donde no cabe el futuro, de gente tensa hasta romperse, de gente que antes sonreía en sus pasillos de cerveza y salsa brava, de gente que no sabe dónde poner la esperanza, de gente que sencillamente no sabe y ya, que eso es mucho, de tan vacío, de tan desierto, gente que se está cansando de ser gente. Todos, sentirán la noticia de una nueva oportunidad.   
            Será un lento y feroz comienzo cuando todo lo que es empiece a no ser, cuando las marchas y las consignas galácticas se evaporen en el clima de una nueva multitud, cuando las amenazas y el oprobio se conviertan en afonía, cuando los carceleros renuncien a su faena, cuando las rotativas abandonen su ruido de mulo domesticado, cuando el odio se vaya volviendo humo y derrota.
Pero para eso habrá que registrar los rincones del país, atizar al perezoso, seducir al indiferente, convocar a los descreídos, a los indecisos, abrazar al decepcionado, insistir con el reticente y convertirnos todos en una tormenta inacabable de votos en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de este pavoroso 2015. Convertirnos en protagonistas de nuestro derecho a volver a ser un país.
Habrá que inventar la mañana. Habrá que hacer el mismo gesto y convertir a la sonrisa en un ejército de ocupación. Habrá que dejarse de silencios y miedos. Y así todas las puertas se abrirán de par en par. Y la vecina bailará sin música, y estremecerá sus ventanas, y todo aquel en la calle, en la orilla, en la calzada, será un gesto de bienvenida y euforia. Habrá que hacer una canción urgente, una melodía de recién llegados, y apurar un tren que aún no existe, un pasillo grande para el regreso grande de los que alguna vez fueron adiós.
            Será un lento y feroz comienzo cuando la niña que tose y la mujer que desanda la farmacia y la urgencia, y el padre colérico, expulsen un grito de fin de la pesadilla, y se toparán con una plaza habitada por abrazos de los que ya no había. Y cada quien,  lustroso en la alegría repentina, sudoroso a fiesta que se acerca, voluminoso en la sonrisa, asomado en sus propios ojos, dirá que todo pasó, que el huracán fue un mal rato de casi dos décadas, que la vida se estrena otra vez.  
Será un lento y feroz comienzo de diciembre. Lento por la larga cuenta regresiva que ya somos. Feroz por todos los obstáculos que tropezaremos. Será un día preciso. Está allí. Afuera. Se le puede señalar con el índice. Ese día es nuestro. Nadie nos lo va a quitar. Será apenas el comienzo. No la resurrección de los justos. No la multiplicación de los panes y las harinas y el café. No el acto final del odio. No la paz conclusiva. No la ultima marea. Será solo eso: el comienzo. Lo que necesitamos con urgencia. Un comienzo. Así sea duro, largo y difícil. Para dejar de ser un país fallido. Un territorio que no funciona para vivir.
Un comienzo. Nuestro comienzo. Lento, feroz y absolutamente posible.
 
Leonardo Padrón
Un lento y feroz comienzo
El Nacional. Caracas, 11 de octubre de 2015

Marta Colomina: Los miedos de Nicolás y Tibisay

A medida que se acerca el 6-D y sigue creciendo el incontenible rechazo al gobierno (su apoyo popular anda en 20%) las amenazas de Maduro y el nerviosismo de Tibisay Lucena, presidente del CNE, también se incrementan. Esta semana, casi al unísono, ambos destilaron amedrentamiento y afán de desestimular el voto que los sondeos vaticinan masivo: “Si la revolución perdiera el 6-D, es muy probable que tome otro carácter”, dijo Nicolás amenazante. Y añadió: “Si la oposición ganara las elecciones parlamentarias, vendría caos y violencia” (El Nacional 06-10). Cuando Maduro –en la Venezuela arruinada por el chavismo, corroída por la delincuencia, escasez e inflación– dice que “solo con nosotros se pueden superar las dificultades” porque “con la burguesía vendría el caos, vendría la violencia”, lo que nos está diciendo es que, de producirse esa violencia, sería un intento desesperado del oficialismo por seguir en el poder. Si Maduro quisiera la paz el 6-D, sería el primero en dar la “orden” a Tibisay (dado que no existe separación de poderes) de invitar a los observadores de la OEA, la ONU y la UE para garantizar la paz y justicia electorales antes, durante y después del 6-D, y no prohibir su presencia, como lo está haciendo. En su reciente discurso en la ONU pidió al mundo “estar muy atento ante cualquier intento de violentar la vida política en Venezuela”. Y por si no quedase claro su propósito de perpetuarse en Miraflores, aunque para ello deba apelar a la violencia que ha caracterizado a su régimen, Maduro añade: “Venezuela está dispuesta a continuar su curso por la vía de la democracia participativa, protagónica (...) y de la Constitución de 1999”. Sus amenazas son reiterativas. En febrero de este año Nicolás declaró que “no va a permitir que la oposición se presente en elecciones si van a promover la violencia” y conminó a que “si la derecha trata de llegar al poder por la vía de la violencia, le doy la orden al pueblo, junto con la FANB, a salir a las calles a defender la revolución (El Nacional, 25-02).
Aunque los abusos de Maduro constituyen un delito electoral (ha sembrado también dudas sobre el secreto del voto para amedrentar a funcionarios y beneficiarios de las “misiones”), Tibisay no ha abierto la boca en defensa de los electores. Un día después de las intimidatorias alarmas de Maduro sobre la “violencia” que ocurriría de perder la “revolución” el 6-D, una irascible Tibisay Lucena hacía un vano intento por recomponer la alicaída credibilidad del CNE, al que todavía pretende vender “como el de mayor transparencia y objetividad del mundo”. Tibisay se indigna cuando se habla de “fraude”, pero es ella la que asume decisiones fraudulentas. Aunque ya pocos creen en un CNE del que cuatro de cinco miembros son chavistas, se disgusta con lo que ella llama “matrices negativas”, a sabiendas de que todos los estudios nacionales e internacionales arrojan una pérdida de la confianza en el CNE superior a 60%. Lucena se queja de la “descalificación” del árbitro, pero la primera descalificadora es ella. Dice que “no se han creado nuevos circuitos, ni hubo alteración de las circunscripciones” y desmiente que el CNE haya anulado la candidatura de Carlos Vecchio, al culpar a la MUD de negligente “porque no hicieron los descargos contra la impugnación”. Añade que el CNE “es atacado de fraude, sin pruebas”. Veamos: el único rector independiente del CNE, Luis Emilio Rondón, sostiene que la sanción que anula la postulación a la AN de Carlos Vecchio (salvó su voto en plenaria del CNE) no tomó en cuenta la preeminencia de los derechos políticos que solo pueden ser disminuidos por inhabilitación política causada por una sentencia judicial firme, de acuerdo con la Constitución, en sus artículos 39 y 42”, y no por una simple decisión administrativa, como avaló Lucena. Sigamos. ¿No es Tibisay responsable del desequilibrio numérico que existe entre la cantidad de votantes inscritos en los estados y la cantidad de parlamentarios que se deben elegir en ellos?, ¿de la artificial migración en ciertos municipios y circuitos que supera la media nacional, y los arbitrarios cambios en numerosos circuitos de Barinas, Apure, Bolívar Guárico, Mérida y otros? Súmate denuncia que el INE y el CNE manipularon la proyección poblacional en 19 estados en beneficio del PSUV. Y a propósito de “fraude” ¿qué más pruebas quiere Lucena que su negativa a hacer la auditoría calificada de las presidenciales cantadas a favor de Maduro, auditoría que debía incluir los cuadernos de votación, y respecto a la cual ella, Maduro y los cómplices de Unasur se hicieron los desentendidos?
La comunidad internacional cuestiona que en Venezuela los poderes responden a las órdenes de Maduro, de ahí sus esfuerzos para que el 6-D haya observadores internacionales imparciales, derecho negado férreamente por Maduro y Lucena: “Cuando la FAN, el Poder Electoral, los togados del Poder Judicial hacen un juramento partidista, gritan consignas y usan símbolos partidistas, proclaman que están al servicio incondicional de la minoría gubernamental, mientras el país sufre la dictadura” escribe el sabio jesuita Luis Ugalde. Los tribunales son usados para castigar a quienes disienten. Esta semana un tribunal ordenó “buscar” a los directivos de El Nacional, Tal Cual y La Patilla, demandados por Cabello. Esa “incondicionalidad” de los poderes tiene relación estrecha con la corrupción. Mientras el pueblo pasa hambre y es masacrado por la delincuencia “los señores civiles y militares compran lujosas residencias en la Alta Florida, en Caracas, por cantidades en dólares que nunca soñaron poseer en vida. Habría que preguntarse con qué dinero un integrante del clan electoral compró la residencia de la señora Beracasa” (editorial de El Nacional 24-09-2015).
La arrogancia de Lucena al decir que el “CNE no cuenta encuestas, sino votos” es en realidad miedo, el mismo que acogota a Maduro. “Las encuestas castigan a Maduro a 2 meses del 6-D” (El Nacional 08-10). La oposición supera al chavismo en los últimos sondeos en 32 puntos, lo que le daría a la unidad más de las 2/3 partes de la AN. La comunidad internacional es consciente de que la oposición ganará holgadamente el 6-D, así que a Tibisay no le queda más remedio que contar como Dios manda los votos que vaticinan las encuestas, so pena de que el mundo en pleno grite ¡fraude! “La debacle en Venezuela con inflación de 200% y caída del PIB de 10%” registrada por el FMI es impulso para esa debacle electoral que se avecina, de ahí la prisa fraudulenta de Maduro en cambiar a una parte del TSJ antes del 6-D. Aunque el gurú de los sondeos chavistas, Schemel, pretende consolar a Nicolás diciéndole que 30% del chavismo es “una comunidad emocional”, en el fondo de su faltriquera sabe que “amor con hambre no dura”.

Marta Colomina
Los miedos de Nicolás y Tibisay
El Nacional. Caracas, 11 de octubre de 2015