viernes, 11 de septiembre de 2015

Sebastiana Barraez: Poder militar en la frontera

 MILITARES. Las figuras militares relevantes en la intervención u ocupación de la frontera: El MG Efraín Velazco Lugo, Jefe de la Redi (Región Estratégica de Defensa Integral) de Los Andes; el GD José Temístocles Morantes Torres, jefe de la ZODI Táchira; GD Carlos Martínez Stapulionis, autoridad única de la zona fronteriza Nro. uno y GB Luis Arrieta de la Zona dos. El presidente Nicolás Maduro nombró inicialmente, y por dos días, como jefe de la frontera al gobernador del Táchira y militar retirado, José Gregorio Vielma Mora. Nuestro ejército tiene décadas sin librar una batalla y cuando tiene la oportunidad de lucirse ante los grupos irregulares de la frontera, luce desubicado, casi descuidado o tomado por sorpresa. Tiene plomo en el ala por la participación de la Guardia Nacional en la industria del contrabando que manejan los grupos paramilitares en la frontera. El conflicto de la tropa es la carencia del liderazgo militar, porque si el gobierno pretende enfrentar a los paramilitares, armados hasta los dientes, con armamento de alto calibre y un ejército propio entrenado para matar, la FANB venezolana necesita demostrar coherencia, sincronización y obediencia y subordinación en las tropas que enviaron a la frontera. ¿El resultado militar? Sólo 14 presuntos paramilitares detenidos.

FANB. Aunque a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a diferencia del resto de los ejércitos del continente, la caracteriza el factor ideológico, más que una fortaleza, es una debilidad. Eso aunado a que la FANB no tiene héroes militares, más allá de aquellos de la Independencia, aunque Diosdado Cabello ha dicho que “a Vielma y a Arias Cárdenas hay que hacerles una estatua”. No es casual que la intervención de la frontera trate de crear los tan necesarios héroes militares. Pero los uniformados lucen poco articulados, más arropados por las decisiones políticas que por la estrategia militar. Nadie ve en los generales Morantes, Martínez, Velazco o Arrieta, a los líderes que requiere la intervención de la frontera. Ya hace muchos años que nuestro ejército no libra batallas, no tiene triunfos que mostrar, más allá de aquellos de los años 60 cuando enfrentó a la guerrilla surgida de las entrañas del MIR y del PCV, con Ruptura; Bandera Roja, Tercer Camino, etc. Hugo Chávez desempolvó el rango de General en Jefe y se lo enquistó a Lucas Rincón Romero, el mismo día que nombra a Cruz Weffer comandante del Ejército, mientras el país observaba desconcertado qué méritos tenía, porque desde López Contreras nadie había ostentado ese rango; luego vino lo de mayor general y almirante en jefe. La FANB por casi ocho décadas estuvo pendiente de Colombia, el vecino que más preocupación nos causaba. Toda la preparación estaba dirigida al cuidado ante ese hermano que en algún momento podía convertirse en enemigo. Con la llegada de Chávez al poder ese objetivo cambió y nuestra FANB empezó a librar “una lucha” contra el otrora aliado en preparación militar: El imperio norteamericano.
MUD. Es la Mesa de la Unidad Democrática. Sustituyó de manera unilateral al suplente del circuito de la sierra en el estado Falcón, Adán Camargo, quien ganó en las elecciones internas. Ha sido un férreo opositor y destacado dirigente popular. Eso no le gustó a los sectores de la MUD que coquetean con el poder regional. Dijeron que esa suplencia le correspondía a un dirigente de AD. El más activo para sacar a Camargo fue el alcalde Elisanower. Qué demócratas los opositores.
JUEZA. Es Ana Ramona Acuña, la del tribunal primero ordinario y ejecutor de medidas de los municipios Junín y Rafael Urdaneta del Táchira. El 31 de julio 2015 hizo inspección en la finca El Trapiche en el sector La Vaquera, aldea El Japón, Rubio, municipio Junín. Deja constancia “que esta vía es propia (…) y que solamente es utilizada por el propietario Luis Enrique Cárdenas Vásquez y que como propietario permite el paso en algunas oportunidades por colaboración a su vecino Eduardo Díaz”. La jueza omite que no hay otra salida para que Díaz pueda sacar los productos de su finca. Eduardo Díaz tiene 82 años y ha vivido desde que tenía seis años en la parcela Nro. 4. Ha sido un productor agrícola toda la vida. Allí tiene ganado, parchita, cambur, entre otras frutas y verduras y hortalizas. Desde siempre, y sin problema alguno, había sacado los productos por el paso real que atraviesa la finca El Trapiche, hasta que cambió de dueño hace más de un año; Cárdenas Vásquez pretende quitarle el paso al anciano que creció, se casó, procreó hijos y ha trabajado y amado esa tierra por 8 décadas. La  jueza, que no tiene facultad en materia agraria, deja constancia de los linderos en base a los planos que presenta el nuevo dueño de El Trapiche, los cuales difieren de los que tiene Eduardo Díaz desde hace años. La inspección de la jueza le crea un problema al anciano productor, porque le quita potestad sobre parte del terreno que desde hace años ha cultivado. La jueza dice que ella observó que a la parcela de Díaz “se tiene acceso por una entrada que va desde su parcela hasta la carretera nacional (450 metros)”. Lo que no dice la jueza es que esa no es una carretera, ni por ahí hay posibilidad de paso de vehículo y por eso le habría dicho a Díaz que hiciera su propia carretera y pidiera ayuda al gobierno. Obvia deliberadamente la jueza que no tiene manera el anciano productor de sacar sus productos ni el ganado por otra vía que no sea el paso real, y se atrevió a darle el visto bueno a Cárdenas Vásquez para que coloque un portón que no le permita a Díaz usar el paso real.
DALTON. Es Roque, el poeta y activista político salvadoreño, el que un día escribió: “Yo que he amado hasta tener sed de agua, luz sucia;/ yo que olvide los nombres y no las humedades,/ ahora moriría fieramente por la palabrita de consuelo de un ángel,/ por los dones cantables de un murciélago triste,/ por el pan de la magia que me arrojara un brujo/ disfrazado de reo borracho en la celda de al lado…”.
ÚLTIMA HORA
-A los alumnos que salieron de la UNES Acarigua antes del 15 de julio, no les dicen si los van a graduar y no están cobrando.
-La alcaldesa de San Cristóbal debe ocuparse de ese pueblo plagado de huecos y descuido.
ADUANA. Es la de Guaranao en Punto Fijo, estado Falcón. Hay allí 9 agencias aduanales. Los gerentes anteriores trabajaban con las agencias en igualdad de condiciones. El actual gerente sólo autoriza a dos agencias; él es militar y dizque manejó el avión presidencial. Él dice que el intendente le ordenó que sólo autorizara a las dos agencias aduanales. Hay un abuso en la aceptación de la carta-poder, que deberían ser sólo por excepción. El proceso de aduana implica la participación de funcionarios de la aduana. GNB, Sebin y Sundde. Por esa aduana están ingresando vehículos de manera irregular, a través de una sola agencia que tiene amistad con un gerente de Miami; más de 300 vehículos habrían ingresado en el primer semestre del año en curso. La agencia que trajo los 35 mil aires acondicionados que estaban acaparados y extrañamente no fueron vendidos, declararon menos de lo que importaron. Están sacando antenas hechas de aluminio como si fueran decodificadores. Han salido muchas gandolas con aires con un solo documento. “Eso está autorizado por el intendente”, es la respuesta que dan. La irregularidad se extiende hasta el punto de Control de Cararapa que está a cargo de la aduana principal. Todas las exportaciones que salen tienen que pagar 500 dólares por documento, caso frutas y alimentos que van para las islas. Curioso es que la mercancía de Pdvsa dura hasta 5 días en puerto, por los permisos, pero los vehículos salen el mismo día. Los documentos que salen en tres días pagaron por lo menos Bs.80 mil por documento. Los importadores nuevos encuentran miles de obstáculos para entrar al sistema. Si pagan entran ya.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Manuel Malaver: El madurismo, fase terminal del castrochavismo

El madurismo parecería no ser otra cosa que una palabreja de las tantas que surgen en el mundo sin causalidad ni consecuencia, y quedan ahí, colgadas en el tiempo, criando moho e y en espera de que otra insignificancia venga a sustituirlas.
Sin embargo, no cayó de la nada, sino de la pesadilla del último socialismo, de que por aquí se llamó “Socialismo del Siglo XXI”, y el cual, enfrentado de nuevo a la inviabilidad de la utopía marxista, no procedió a decretar su defunción, sino a legársela a un payaso cuya peligrosidad mayor consiste en no conocer su identidad, ni la del tiempo, ni el país donde transcurre.
Pero es que no tiene partida de nacimiento, -por lo menos no una conocida y legal-, y así, no sabemos si se llama Nicolás Maduro, si nació en Venezuela, o cualquier otro país, edad, educación, profesión, o los vericuetos que le permitieron devenir en presidente.
son sospechas en torno a Maduro y la más gruesa es que secundó a Raúl Castro en la conspiración que sacó de a Hugo Chávez, el que había designado al “nowhere man” (don nadie), ministro de Relaciones Exteriores, pero solo para darle la oportunidad de llamar la atención de quienes después lo utilizarían como una pieza, instrumento o herramienta.
Pero, insistimos, son sospechas, rumores, legendas en torno a un “don nadie”, “nowhere man” u “hombre de ninguna parte”, igualmente, ambiguo en lo que se refiere a si es ateo o católico, percusionista o curandero, jugador de truco o bolas criollas y en tantas cotidianidades que Maduro no sabe explicar o confesar.
En lo que si no hay dudas es que, por órdenes de Raúl Castro -y quizá hasta del generalato de las FARC que desde hace meses pasa vacaciones en La Habana-, Maduro decretó y ejecutó la deportación de 10.000 colombianos que residían en cuatro municipios del estado fronterizo del Táchira, a quienes sacó a la fuerza de sus humildes viviendas, para ser aventados por trochas y baldíos y después cruzar un río que sería su tránsito final al territorio colombiano.
Escenas que, durante 15 días han sacudido a Venezuela, Colombia y América, que recorren al mundo, que se hicieron acompañar con la demolición de las viviendas de los deportados previo marcaje con la “D” de demolición, del robo de sus pocas pertenencias, de los abusos a las mujeres y de un discurso oficial, asumido por Maduro, según el cual, “se les echaba” por “narcotraficantes, contrabandistas, y bachaqueros”.
Niños fueron separados de sus padres, esposos de sus esposas, hermanos de sus hermanos, escolares de sus escuelas, enfermos de sus tratamientos, amigos de sus amigos, y seres humanos del conjunto del lar donde hicieron patrimonios, hábitos y querencias.
Pero Maduro, el “don nadie”, “nowhere man” , u “hombre de ninguna parte” no andaba preocupado de estas minucias, como lo demostró la tarde del vienes 28 pasado frente a una turba que convocó para celebrar en un espacio cercano al palacio Miraflores, y donde, subiendo a una tarima, bailó una cumbia, para decirle al mundo que una suerte de Idi Amín Dadá había reencarnado en estas tierras.
“Sobre una tumba una cumbia” parafraseó esa misma tarde una aturdida ciudadanía caraqueña ante la revelación de tal pillaje que, recordaba a un son retro cubano muy de moda aquí en los 70, y cuya letra original decía: “Sobre una tumba, una rumba”.
Y el ensamble de escena, recuerdo y música no era arbitrario, si se toma en cuenta que con, las deportaciones, miles de vidas, destinos y sueños quedaron destrozados.
Pero fue solo el inicio de las celebraciones de Maduro, quien, al otro día anunció el comienzo de una larga gira por países de Asia Oriental, Asia Menor y Eurasia que ya cuenta semana y días y seguro culminará en La Habana, donde lo esperan Raúl Castro y el generalato de las FARC para que les informe de las deportaciones, los bonches y los últimos gritos de la moda.
Porque, el dizque presidente venezolano, tocó timbal y bailó salsa en Vietnam, en China, cuando apareció en un desfile militar dejó claro su gusto por las últimas creaciones de Chanel y Valentino, en Rusia y Dubai -y en compañía del seudoemperador ruso, Putin y de los jeques y primeros ministros de Qatar y Dubai, Abadullah bin Nasser bin Khalifa Al Thani y Mohamad bin Rashid Maktum-, siguió el bonche y dio declaraciones estrafalarias sobre la crisis humanitaria que había desatado en la frontera colombo-venezolana.
En efecto, la ONU, la OEA, la UE, y ONGs e instituciones internacionales se apresuraron a condenar y a pedir cuentas del genocidio que el “don nadie”, “nowhere man”, “hombre de ninguna parte” y timbalero había dejado en la frontera y amenazarle con una orden de captura que la procuraduría neogranadina envió al Tribunal Internacional Penal de La Haya en la idea de no permitirle el regreso a América de tan peligroso psicópata y criminal.
Mientras tanto, el presidente, Juan Manuel Santos, se convencía -¡al fin”- de terminar la relación “de comprensión” que durante todo sus dos períodos había sostenido con “los bárbaros de Caracas” y pasaba a denunciarlos, a exigir a la comunidad internacional que, al menos, los obligara a respetar las convenciones mínimas del trato humanitario y de respeto a los derechos humanos.
En otras palabras que, toda una crisis binacional que ha provocado que, por primera vez, países e instituciones del continente tomen noten de que en Venezuela se ha instalado un gobierno forajido, al margen de la constitución y las leyes y, contra el cual, habría que adelantar políticas para condenar, aislar y, eventualmente, ejectar del poder.
Por todo ello, y por los costos enormes que le está significando al neototalitarismo la ya conocida como “Crisis de la Frontera”, la interrogante más socorrida entre analistas políticos de Caracas y Bogotá es: ¿qué llevó a Maduro a promover tal escándalo, a producir tal estropicio, a descomponer un escenario que, no le estaba resultando adverso y le convenía mantener con miras a imponer o camuflar los resultados de las elecciones parlamentarias que se celebrarán el 8 diciembre próximo?
En esta tesitura, una teoría que tiende a imponerse es que, la conmoción fue promovida desde Cuba, y por Raúl Castro, quien, trata a toda costa de que el tema de la reclamación del territorio Esequibo salga de la agenda del gobierno y el pueblo venezolanos, y sus aliados, los guyaneses, se alcen con los 159.000 kms2 que las administraciones nacionales mantienen en litigio desde los años 60.
Otra tesis, versa sobre la urgencia del madurismo de no contarse en las elecciones de diciembre, pues, todas las encuestas le auguran una derrota con más del 70 por ciento de los votos a favor de la oposición.
Y una última es que, se trata de un “malvinazo”, para cohesionar a una FAN cada día más dividida y molesta porque Maduro no termina de aclarar si es venezolano o colombiano, así como a un partido oficialista abrumado por el fracaso del modelo y del régimen.
Quiere decir que, el “don nadie”, “nowhere man”, u “hombre de ninguna parte” está haciendo un esfuerzo supremo por convencer a algunos militares de que “no es colombiano”, y mucho menos “cucuteño”, y por eso hace fintas de anticolombianismo extremo, demostraciones de que está dispuesto a ir con todo contra sus connacionales y así dar pruebas de limpieza de sangre venezolana y venezolanista.
Para quienes arruguen el seño con relación a esta hipótesis definitivamente estrafalaria, les advierto que algunos historiadores sostienen que el antisemitismo enloquecido de Hitler procedía de su empeño en borrar sospechas de que tenía gotas de sangre judía, así como Stalin extremó la represión contra los georgianos para hacer olvidar que no era ruso, sino caucásico.
Ello explicaría lo del baile, los timbales, el viaje por Asia, Eurasia y Medio Oriente y de otras extravagancias y exageraciones que lo veremos hacer en los próximos días, semanas o meses.
Pero eso si venezolanos, colombianos y la comunidad internacional no mandan a la cárcel o al manicomio a tamaño aberrado y descuartizado mental que promete ahora “deleitarnos” con un concierto en la frontera donde cantará joropos y vallenatos.



Manuel Malaver
El madurismo, fase terminal del castrochavismo
Diario de Caracas, Caracas, 6 de septiembre de 2015

Héctor E. Schamis: Maduro, entre Galtieri y El Assad

Era 1981 en Argentina. Viola es presidente, un general. El régimen era brutalmente represivo pero débil. Las funciones y los cargos de gobierno estaban divididos en tres tercios, uno por cada rama de las Fuerzas Armadas. Ello incluía las tareas represivas, tanto como la distribución del botín robado en las casas de los desaparecidos. Era un incentivo para la fragmentación y la disputa que por supuesto quebró la cadena de mando.
El jefe del ejército era Galtieri, quien involucró a la fuerza con los contras nicaragüenses y en la guerra civil de El Salvador. Eso para que la Administración Reagan lo recibiera en Washington, el objetivo de todo funcionario que se precie de tal. Tuvo éxito, tanto que el entonces Secretario de Seguridad Nacional, Richard Allen, lo describió como “un general majestuoso”. Galtieri le creyó y ese diciembre removió a Viola con un golpe de Estado.
Además de politizadas, las Fuerzas Armadas eran ineptas. El gasto público estaba fuera de control, la inflación, persistente en los tres dígitos y la economía, en contracción. YPF tenía la exclusividad de ser el único monopolio estatal de petróleos en el mundo consistentemente en rojo durante el boom petrolero de los setenta. Para dar una idea del tamaño de la ineptitud.
La sociedad había comenzado a expresar su descontento. Ignorando el Estado de Sitio se formó la Multipartidaria, en demanda de “una transición democrática”, y el viejo músculo sindical volvió a las calles. Ante eso, Galtieri recurrió a una remanida estrategia: producir una crisis internacional para olvidar los problemas internos y cohesionar a la sociedad alrededor de su liderazgo.
Fue la guerra de las Malvinas, islas cuya recuperación era y es la reivindicación nacionalista más sentida en la historia del país. Con tanta majestuosidad y habiendo hecho el trabajo sucio en América Central, discurría Galtieri en sus largas vigilias bélicas que acompañaba con escocés en las rocas, Estados Unidos lo apoyaría, la flota británica no abandonaría el Mar del Norte y él podría convertirse en la mismísima resurrección de Perón. No sucedió exactamente así. El resto de la historia es conocido.
Galtieri es más que metáfora, a propósito de militares politizados e ineptos. Durante quince años, las disputas entre las instituciones militares, policiales y de inteligencia venezolanas han sido leyenda, ello sin mencionar las paraestatales, los colectivos armados. Buena parte de esas disputas es sobre el control de las rutas del contrabando y el narcotráfico, el botín de la ilegalidad. Maduro, sin embargo, culpa a los colombianos residentes en Venezuela de ello y ha procedido a militarizar y cerrar la frontera. La crisis internacional está en marcha. La foto de los puentes militarizados sobre el río Táchira evoca otra frontera, la del “Puente sin retorno” entre las dos Coreas. Que a nadie se le escape una bala.

Maduro produce una crisis internacional para (intentar) resolver una de sus crisis internas: acallar cualquier repercusión de la inminente sentencia a Leopoldo López
 
Como Galtieri, Maduro produce una crisis internacional para (intentar) resolver alguna de sus múltiples crisis internas: acallar cualquier repercusión de la inminente sentencia a Leopoldo López; que la prensa deje de mostrar las colas para conseguir comida; declarar el Estado de Excepción total o parcial en Táchira y otras zonas cercanas, y postergar o suspender las elecciones del 6 de diciembre. Como se la mire, es una crisis que le conviene.
Pero Maduro va mucho más allá. La siguiente foto de esta historia es de esos mismos colombianos cruzando el Táchira a pie, con el agua en la cintura y sus enseres a cuestas, hombres, mujeres, ancianos y niños. Y la tercera foto es de sus casas rodeadas por fuerzas militares y con una gigantesca “D” pintada en la puerta, para indicar la orden de demolición. Casi un relato bíblico o la historia del fascismo, según se prefiera.
Esto diferencia a Maduro de Galtieri y lo asemeja a El Assad. El régimen chavista produce una crisis internacional humanitaria con desplazados y refugiados. La magnitud de esa crisis no es comparable a la de Siria, pero en materia de derechos humanos y crímenes contra la humanidad la cuestión no es de cantidad. Una expulsión colectiva no es una deportación para el derecho internacional. Los expulsados no lo son por su status inmigratorio, una condición individual, sino por un dato de su identidad, su nacionalidad.
Venezuela viola así normas del derecho internacional y diversos tratados internacionales, todos ratificados por las Naciones Unidas. Entre ellos debe destacarse la obligación de la comunidad internacional de intervenir ante masivas violaciones, principio aprobado en 2005 en la propia Asamblea General. Esto importa en relación al rechazo de Venezuela a tratar el tema en la OEA, siendo miembro actual del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y contando con el apoyo de Brasil, entre otros, país que aspira a un asiento permanente en un Consejo ampliado. El sinsentido latinoamericano.
Con esta crisis Maduro también se ha cargado a Colombia y no solo en la OEA. Mientras es garante de un plan de paz entre colombianos, abusa de colombianos y tiene seis millones que residen en Venezuela, todos potenciales rehenes. Maduro debe ser neutralizado cuanto antes para evitar que la crisis humanitaria en curso se convierta en catástrofe, es decir, antes que su parecido con El Assad se acentúe. En Siria, el desplazamiento forzado de la población civil ha sido parte de la táctica militar usada contra los rebeldes y, como tal, un crimen de guerra. Tal vez para el régimen chavista también termine siendo eso.
Además, el régimen tiene muchos más rehenes, otros 25 millones de oprimidos ciudadanos venezolanos, sin derechos ni alimentos y victimizados por una criminalidad fuera de control. Al borde de una crisis humanitaria, ellos también son refugiados.


Héctor E. Schamis
Maduro, entre Galtieri y El Assad
El País. Madrid, 6 de septiembre de 2015