martes, 7 de abril de 2015

Asdrúbal Aguiar: No es revolución, es fascismo

Leo a un exquisito jurista italiano de la primera mitad del siglo XX, cuya obra conocen los egresados de universidades sin adjetivo. Me refiero a Piero Calamandrei, autor de unos ensayos sobre los veinte años del fascismo que ve, vive y conoce hasta en sus entrañas. Su título, El régimen de la mentira, basta para recrear al calco un escenario que nos es habitual a los venezolanos y no alcanzamos a comprender.
Don Piero, al escribir sobre el fascismo, casi nos explica por qué, a partir de Nicolás Maduro, ocurre la fatal “disgregación del régimen” y sus carroñas –insectos inmundos los llama– corren desesperadas, incluidos sicarios y delatores, en búsqueda de otros terrenos que las protejan mientras observan la “agonía de la patria”. ¡Y es que sin Benito Mussolini, el Duce, el fascismo se hace utilería!
Lo novedoso del chavismo y de una revolución que no es tal, rebautizada socialismo del siglo XXI, es, en efecto, el uso que hace de las redes globales para resucitar a ese fascismo. Nada más.
La experiencia italiana, que se marida con el nacional-socialismo alemán y se cree llamada a durar un siglo o mejor un milenio, se funda en la idea del hombre inmortal e irremplazable, sub specie aeternitatis. Ninguna relación tiene con autoritarismos terrenos o monarquías dinásticas, en las que rigen hombres déspotas pero finitos.
El Único, en el fascismo, que es síntesis de su pueblo y a quien sólo aquél es capaz de interpretar como de hacerlo mudar de alma, se considera a sí y lo consideran sus adoradores que en “carne y huesos es la unidad cualitativa de todo un conglomerado con la fortuna de tener la posibilidad de pensar a través de una sola cabeza”: el Duce, el Comandante Eterno, antes Mussolini y hasta ayer, entre nosotros, Hugo Chávez.
Piero Calamandrei comenta, de seguidas, la “ficción” jurídica y conductual propia de ese totalitarismo, cuando al toparse con el Derecho y querer usarlo para sus propósitos, a través de falsos positivos absuelve a criminales por ser aliados y condena a los adversarios siendo inocentes. Simula los presupuestos de la ley o da por ciertos aquellos que son absolutamente mendaces.
En el fascismo “nada de humano o espiritual existe (…) fuera del Estado” y el Estado, a todas estas, es el Duce. Todo dentro de él, nada fuera de él, y menos en contra suyo. Y como es enciclopédico y todo lo sabe y acerca de todo opina, al final todos tienen su marca y les paraliza el sentido del ridículo: La patria es bolivariana o chavista o mussoliniana, tanto como el aceite que compran los viandantes o la ropa interior, las empresas, las escuelas, el arte, la cultura, los colectivos, hasta las areperas.
La fortuna de todos se mira indisoluble de la persona del líder eterno, y apenas adquiere sentido bajo sus rayos. El Derecho y la moral forman una unidad, pues no existen morales individuales, salvo la que determina el Único a través del Estado.
Pero al cabo, lo recuerda Calamandrei, se trata de una apología del absolutismo más decrépito, bajo la enloquecida y delictuosa ilusión de identificar el porvenir de una nación “con la miserable transitoriedad de un hombre condenado a morir”.
Desde esta perspectiva se entiende así la capacidad inédita del régimen venezolano para invadir con sus altoparlantes hasta los refugios más íntimos de la libertad del ciudadano; pues la tiranía encarna en la maligna perversión de ese pretendido superhombre de estirpe nietzchiana, quien vive y muere convencido en su megalomanía de la bestial bajeza del género humano y la universalidad de lo pusilánime. Él, por el contrario, todo lo sabe, todo lo prevé, todo lo rige, “desde los mayores eventos de la humanidad hasta la vida íntima de los esposos en un viaje nupcial”.
La cuestión es que ese dios ha muerto. Es el drama de Maduro.
El fascismo es la mentira como política del Estado anticristiano. En su centro rige el poder y lo total se explica en la autoridad, no en la libertad humana. De allí que el camino hacia su fragua en Italia, como ocurre en la Venezuela, nace de un cambio constitucional y no de una ruptura revolucionaria; capaz, eso sí, de proveer al asalto del poder y conservarlo “constitucionalmente”, para siempre.
La eficiencia es cosa secundaria, resoluble paso a paso. Y la esencia del fascismo, en suma, es doblez, es convivencia entre la legalidad formal y la ilegalidad institucional. Hay ciudadanos con derechos y otros con meros deberes, según se encuentren o no dentro del fascismo. Lo integran, pues, dos columnas en secreta alianza para purificar al delito y prosternar la decencia: legalizan lo ilegal e ilegalizan lo legal.
Simular o corromperse, lo afirma don Piero, que es posible en todo régimen, en el fascismo es “el instrumento normal y fisiológico de gobierno”.



Asdrúbal Aguiar
No es revolución, es fascismo
Diario Las Américas. Miami, 7 de abril de 2015

lunes, 6 de abril de 2015

Toby Valderrama: La guerra frívola, o la derrota del 4 de Febrero


Imaginemos a un chileno que firmó alarmado y con pasión internacionalista la carta que el Presidente Maduro dirige a obama exigiendo la derogación del decreto que declara a Venezuela nación peligrosa para los gringos, decreto que se denuncia como preámbulo para una invasión.
Nuestro firmante imaginario sigue alerta todas las noticias de Venezuela, así supo de las declaraciones de los voceros del gobierno: "el continente peligra", gritó uno; "si cae Venezuela cae el continente", sentenció otro; "es la agresión más importante en doscientos años", "estamos a la puerta de una invasión", alarmó aquel. Leyó que el país se puso en alerta, que ordenó ejercicios militares, convocatoria de la milicia. Nuestro firmante se activó en el twitter, dictó charlas explicando la inminencia de la invasión…
Pocos días después leyó con asombro esta noticia con declaraciones de altísimos dirigentes del gobierno:
Un alto vocero del gobierno informó este miércoles que "más de 8 millones de temporadistas se han movilizado por diferentes destinos turísticos del país, a su vez indicó que se han desplegado 190 mil funcionarios para el resguardo de la seguridad".
Y el vicepresidente de la República interpreta el hecho así:
 “La derecha está frustrada. Ni guerra económica /psicológica, ni decretos imperiales, han impedido que el Pueblo disfrute y comparta en familia”.
Nuestro chileno se perturba. El país que estaba a las puertas de una invasión ya anunciada, que estaba haciendo ejercicios militares, educando a la milicia en el manejo de sofisticados equipos, ¡se fue para la playa! Ya esto es raro, difícil de entender, pensó: esa gente debía de estar preparándose, alerta, demostrando al monstruo imperial su voluntad de resistencia. Nuestro firmante internacional no entiende, pero con las declaraciones del vicepresidente entendió menos.
Manda twitter pidiendo explicaciones, nosotros intentaremos algunos comentarios que pueden ayudar a nuestro firmante internacional a explicarse la situación. Veamos.
El gobierno es dominado por la ideología pragmática, la socialdemocracia, por eso navega sin rumbo definido, no tiene otra meta que permanecer. En ese empeño hace y deshace, dice y desdice, ataca y palmea, construyéndose una imagen gelatinosa, sin asideros, sin principios, que no convoca a la confianza.
Los pragmáticos dentro del gobierno se dieron cuenta de que el camino de la confrontación los llevó a un dilema: por un lado debían abandonar la democracia burguesa, definir el camino anticapitalista y socialista, única manera de preparar a la masa, dotarla de la pasión, de la conciencia necesarias para enfrentar lo que presagiaban; o debían incorporarse sin ambages al campo reformista, alinearse con las democracias burguesas del continente, iniciar el diálogo interno, soltar los presos, buscar la certificación de los capitalistas gringos y europeos, alejarse del Socialismo y del Comandante Chávez.
Es en este dilema que se debe intentar explicar la actitud de los voceros del gobierno ante el éxodo a la playa. Todo indica, el tiempo lo dirá, que la corriente socialdemócrata, la que propugna "pan y circo", dirigió una vez más las acciones y la interpretación de lo que puede denominarse un "dakazo playero". En lugar de alarmarse por la actitud de la masa, la festejaron. Todo indica que el gobierno dio un paso atrás, en los próximos días veremos si se confirma esta posibilidad, si vienen otras acciones en el mismo camino de la restauración. Entonces, retrocederemos más atrás del glorioso 4 de Febrero, y volveremos a la cuarta pero con maquillaje. Diremos con tristeza: tal como Bolívar, Chávez también ha arado en el mar.


Toby Valderrama
La guerra frívola, o la derrota del 4 de Febrero
El arado y el mar. Caracas, 6 de abril de 2015

Rafael Poleo: ¡Firme aquí, carajo!

Rafael Poleo
¡Firme aquí, carajo!
El Nuevo País. Caracas, 6 de abril de 2015 (Blog Pedro Mogna)