jueves, 24 de abril de 2014

Colette Capriles: Castro Brothers, Inc

Castro Brothers, Inc
COLETTE CAPRILES
El Nacional. Caracas, 24 de abril de 2014



No es pues, una ideología lo que Cuba exporta. Es un know-how de cómo construir, paso a paso y con 55 años de experiencia, un sistema de dominación intemporal.

Como todo lo que rodea la gran anormalidad que somos, el misterio, el silencio, la desinformación y las operaciones de mitificación asedian también la relación de Venezuela con Cuba, o del chavismo con el castrismo. En estos días se produce un acto más de la reescritura totalitaria de la historia cuando le aparece, en un libro para escolares según dicen, una “nodriza cubana” al bebé Bolívar, personaje que además sería una “amiga de doña Concepción” (lo que sugiere cierta alcurnia), desplazando a la negra Hipólita de la que siempre nos habían hablado. Lo grotesco de la impostura muestra el tamaño de la operación que se quiere acometer: construir una referencia “entrañable”, íntima; una metáfora de la relación nutricia que tendría Cuba con Venezuela, aun cuando ninguna de las dos existía como nación o identidad, trascendiendo así lo político, lo epocal, lo histórico, para aterrizar en una asociación pavlovianamente emocional.
Lo que importa, parece, es legitimar una relación que es, obviamente, ilícita. Una relación de dominación siempre necesita justificarse. Pero esto es algo más (y menos) que una relación política. Es una relación comercial de gigantesca envergadura. Se dice con frecuencia que lo insólito de la situación venezolana es esa manera de anclarse a una estampa congelada en la historia de la Guerra Fría que sería el estalinismo cubano. Pero no se repara en que tal vez estemos ante una novedad en términos de un modelo de negocio que ha funcionado bastante bien en los últimos diez años, y del cual la hoz y el martillo no son sino los logos de un branding extremadamente agresivo y eficaz. Cuba es una inmensa corporación dinástica que vende, para provecho exclusivo de sus socios y dueños, un conjunto de servicios de control social (corrientemente llamado socialismo) y obtiene ganancias extraordinarias con costos mínimos.
Así, pues, estimado lector, si siente usted tentaciones tiránicas y encuentra la oportunidad de hacerse del poder legalmente con el voto de los desencantados de la política, no dude ni un minuto: comuníquese de inmediato con Castro Brothers, Inc., quienes le ofrecerán un menú de opciones ajustadas a su PIB, nivel de desarrollo institucional, cohesión interna, resentimiento social y grado de paranoia, garantizándole una limpia genealogía ideológica que lo conectará a usted con los grandes relatos épicos del siglo XX y los antecedentes que sean necesarios (guerras de independencia, héroes autóctonos, cosmovisiones locales), así como de un certificado de supremacía moral que le permitirá eternizarse al mando, amparándose en la defensa de los desposeídos, cuyo número –así asegura el folleto– siempre se mantendrá dentro de los parámetros de pobreza requeridos. El carisma, siempre una gran ventaja, es sin embargo opcional: el paquete funciona con o sin él.
El modelo consiste en efecto, esencialmente, en proveer tecnologías de control social a cambio de convertirse en socio estratégico de los negocios medulares de la economía nacional.  Hay una versión all-in-one: servicios sanitarios de atención primaria e importación de medicamentos, servicios educativos, de inteligencia y contrainteligencia, de seguridad, de apoyo militar, de tecnologías de información y de registro de población, de recaudación de impuestos, de deporte de alta competencia, de administración y control de medios de comunicación, y sobre todo, métodos represivos y sistemas de delación refinados durante generaciones desde la Rusia zarista, leninista, estalinista, y aún más sofisticados por cortesía de la Gestapo, muchos de cuyos miembros terminaron en Alemania Oriental entrenando a la Stasi, luego escuela de los cubanos. Y en el núcleo, un servicio de narrativa revolucionaria dirigido a la creación y distribución de mitos políticos e identitarios (en los que el nacionalismo ocupa un lugar prominente) que justifiquen el advenimiento de la nueva élite al poder. Se aceptan, por supuesto, distintos medios de pago pero hay uno que no puede faltar: el cliente se compromete a asegurarle al proveedor nuevos mercados como garantía, de modo que el marketing queda a su cargo.
No es pues, una ideología lo que Cuba exporta. Es un know-how de cómo construir, paso a paso y con 55 años de experiencia, un sistema de dominación intemporal.

Rafael Poleo: Aprender de los alumnos

Aprender de los alumnos
RAFAEL POLEO
El Nuevo País. Caracas 23 de abril de 2014


Francisco José Virtuoso SJ: El tiempo apremia

El tiempo apremia
FRANCISCO JOSÉ VIRTUOSO s.j.
El Universal. Caracas, 24 de abril de 2014

Salvar el esfuerzo hecho es posible con un poco de sentido político

Mi evaluación de los intentos de diálogo que se están llevando entre el Gobierno y la oposición es positiva. Hasta ahora ha prevalecido el debate y la confrontación de visiones y propuestas. Ambos actores han tenido que exponerse a la crítica de quienes en sus filas no están de acuerdo, ni siquiera con sentarse en la misma mesa. La mediación internacional ha brindado confianza. Las encuestas señalan un profundo escepticismo, a la vez que se aprueba el camino emprendido como alternativa a la confrontación violenta.

Sin embargo, si no se consiguen resultados en muy corto plazo, el esfuerzo que hasta ahora se ha hecho terminará en un gran fracaso. El principal responsable de ello es el Gobierno, pues es quien detenta el poder y con él la llave para destrancar el juego y crear confianza en los procesos que necesariamente son a mediano y largo plazo; como por ejemplo: los cambios en política económica, la elección de miembros independientes en el CNE y el Tribunal Supremo de Justicia, establecer la verdad de lo ocurrido desde los acontecimientos del 12 de febrero pasado, etcétera.

Creo que esas señales que el Gobierno debe dar inmediatamente para generar confianza y tranquilidad son: 1) la creación de una comisión de la verdad, equilibrada y compuesta por personas que gocen de prestigio y reputación; 2) la liberación de los alcaldes, estudiantes y el emblemático caso de Leopoldo López, procesados todos ellos por los acontecimientos que ocurrieron a partir del 12 F, así como al comisario Iván Simonovis. 3) el diálogo con los estudiantes que protestan en las calles aceptando las mínimas condiciones que exigen.

El punto 2 es el más complicado, pues el Gobierno, desde el presidente de la República, se opone argumentando que ello significaría caer en la impunidad de graves delitos. El problema es que esos delitos no se han comprobado. Los alcaldes, han sido imputados pero no enjuiciados. Lo mismo se puede decir del caso de Leopoldo y de los muchos estudiantes que están presos o en libertad bajo régimen de presentación. En el caso de Iván Simonovis, después de 12 años de cárcel y en su estado de salud, lo que menos se puede dictar es una medida humanitaria.

La fórmula jurídica que se emplee en estos casos puede ser materia de discusión y acuerdo. Lo que no se puede es pretender apaciguar el conflicto manteniendo a personas privadas de libertad precisamente por los hechos políticos que están en cuestión y que fueron víctimas de procesos judiciales muy cuestionados.

El tiempo conspira contra el éxito del proceso de diálogo iniciado. Salvar el esfuerzo hecho es posible con un poco de sentido político. El tiempo apremia.

fjvirtuoso@ucab.edu.ve