lunes, 14 de abril de 2014

Claudio Nazoa: Tic-tac UCV

Tic-tac UCV
CLAUDIO NAZOA
El Nacional. Caracas,14 de abril de 2014


Esto lo escribí hace 13 años,
pero lamentablemente,
hoy, más que nunca, está vigente.
Espero no tener que publicarlo nuevamente
dentro de 13 años más…

I
Carlos Raúl Villanueva pasea por la Universidad Central de Venezuela. Su universidad. Se detiene frente al reloj y compra una chicha ligadita con ajonjolí.
Escucha que alguien lo llama, voltea a todos lados hasta que levanta su cabeza y descubre que es el gran reloj quien le habla:
—¡Maestro, auxilio! ¡Ayúdenos! Estas horas son negras y pesadas. Son horas de brutalidad e ignorancia. –Suplicante añade–: Por favor, sáqueme de aquí, regréseme al hermoso diseño que creó en un papel sobre su mesa de dibujo.
Calcinado por el sol, el gran reloj de la UCV continuaba su monólogo.
—Yo, maestro Carlos, apuré siempre a profesores y alumnos que llenos de alegrías, ideas, proyectos y sueños, pasaban por aquí. Yo no fui diseñado para andar para atrás y usted lo sabe, solo puedo y debo andar hacia delante, pero parece que algunos que no lo entienden.
Carlos Raúl escuchaba en silencio.
—Mi base, en forma helicoidal, me inspira a ir hacia arriba, hacia ese lugar donde está usted junto a su colega, el gran arquitecto del universo. Soy el símbolo del tiempo universitario que marca la sublime inteligencia que siempre me ha rodeado. Soy el vigilante silencioso del tiempo que alumnos y maestros invierten en descubrir los cimientos de la ciencia y la filosofía.
Mis agujas señalan optimistas los segundos que se convierten en minutos y estos en horas y luego en años. Soy, mi estimado Carlos, el tiempo útil que jóvenes, llenos de ilusiones, emplean para descubrir los misterios de la vida.
Tras una larga pausa, el reloj unió las agujas que giran en su esfera numerada, y casi como si fuera a orar, marcando las 12:00, imploró con dolor:
—Maestro, dígale a Calder que nos preste las nubes de la cubierta arqueada que flotan sobre nuestra Aula Magna. Dígale que, montados sobre ellas, usted y yo podremos volar hacia un sitio donde existe la UCV que usted soñó. ¡Apúrese maestro! Vargas nos espera y nos recuerda que el mundo no es de los violentos sino de los justos que habitan en él.

II

Mientras escuchaba al reloj, Villanueva terminó de tomar su chicha; tras una breve pero significativa pausa, con dulzura en la voz, dijo:
—No, querido reloj. Tú, Calder, Vargas y yo, nos quedamos aquí, acompañando a los justos, a los que piensan, enseñan, estudian y aman en libertad.
Recogiendo sus instrumentos de diseño, Villanueva levantó su cabeza y con el sol de frente le dijo al gran reloj:
—Ten calma Guía del Tiempo, que lo que aquí hay es un problema de plomería: se rompió una cloaca y la porquería, las ratas y las cucarachas han invadido momentáneamente este recinto... No te preocupes, seguramente ya vienen 50.000 plomeros de boinas azules a limpiarlo.
El reloj, más erguido que nunca, miró con nostalgia hacia la Tierra de Nadie, hacia las instalaciones de su ahora mancillada casa de estudios. Uno de sus números, como si fuera una lágrima, se desprendió de su esfera y cayó sobre la Plaza del Rectorado.
— Ten calma –repitió el arquitecto– no eres el único reloj que se queja en Venezuela. Los relojes como tú nos alertan que el tiempo se diluye en esperanzas inútiles. Solo te pido lo que sabes dar: dame tiempo, reloj ucevista. Ese tiempo que tú mismo marcas, el que nos avergüenza después de que pasa por no haber tomado partido por la verdad. Por favor, tranquilízate, pronto será todo como antes, recuerda que eres el principal testigo de que la UCV, siempre ha vencido la sombra, la brutalidad y la estupidez que en vano tantas veces han tratado de posarse en ella.
UU-UCV, UU-UCV, UU-UCV...
A lo lejos, Vinicio Adames, acompañado por los integrantes del Orfeón Universitario, tapiza el cielo con las insustituibles voces de las almas de quienes, al igual que el rector Jesús María Bianco, el poeta Aquiles Nazoa, el cantante Alí Primera y el profesor Luis Castro Leiva, nos dejaron prematuramente, pero que, sin embargo, desde la inmortalidad del recuerdo luchan para que hoy, más que nunca, el verdadero espíritu ucevista se enaltezca con la fuerza de un auténtico ideal, y con el orgullo de pertenecer a la Universidad Central de Venezuela, como dice la letra de nuestro Himno universitario:
“...Esta casa que vence la sombra,
con su lumbre de fiel claridad,
hoy se pone su traje de moza,
y se adorna con brisa de mar...”.

Caracas, domingo, 1 de abril del 2001

Carolina Jaimes Branger: ¡Ah, malhaya!

¡Ah, malhaya!
CAROLINA JAIMES BRANGER
El Universal. Caracas, 14 de abril de 2014.

éste fue un país donde el ascenso social no tenía que ver ni con el color de la piel, ni con la cuna.


Hace unos días un chavista me acusó de "racista" porque llamé al lunes de la devaluación "lunes requeté negro". La 13ª acepción de la palabra "negro" en el DRAE es "infeliz, infausto y desventurado". El mayor daño que dejó Hugo Chávez es el resentimiento que sembró. ¿Lograremos salir de él?

Muchos venezolanos que no saben que éste fue un país donde el ascenso social no tenía que ver ni con el color de la piel, ni con la cuna.

En su primer discurso como padrino de una promoción de abogados en la UCAB, el doctor Franklin Arrieche, ex-magistrado del TSJ, habló sobre una pareja de venezolanos que eran "sus personajes más admirados": ella era pobre, analfabeta y madre soltera. Él, pobre y analfabeta como ella, era un experto en talar montañas a punta de hacha.

Habitaban una casita de paredes de bahareque y caña amarga cerca de Carora. Su pobreza, sin embargo, no les impidió tener sueños. Soñaron con tener hijos profesionales, que tuvieran las oportunidades que ellos no tuvieron. Y la Venezuela democrática hizo posible esos sueños. Cuando la Reforma Agraria les permitió acceder a una parcela, sembraron hortalizas y cambures.

Aprendieron a leer y a escribir para poder ayudar y estimular a sus hijos en sus estudios. Leían poesías de José Martí en unas revistas viejas, que estaban escritas en letras más grandes y eran las que les permitía leer su presbicia. Jamás se sintieron inferiores a nadie, ni que lo que ellos no tenían era porque otro se los había quitado. Enfrentaron su pobreza con dignidad y no le tuvieron miedo al trabajo. Y salieron adelante.

"Yo hubiera querido que hubieran venido para presentárselos" dijo el doctor Arrieche, emocionado. "Pero ellos en su humildad decidieron no venir a este recinto. De verdad que lo lamento, porque les confieso que me hubiera encantado que conocieran a mis padres".

El discurso fue interrumpido por un atronador aplauso. El hijo de aquellos caroreños pobres en bienes materiales pero ricos en humanidad había llegado a ocupar el cargo más alto que un abogado puede ocupar en su país y por méritos propios. No como ahora, que "uh, ah". Y tenía la humildad y la grandeza de decirlo y enorgullecerse de sus padres. Eso fue Venezuela. Pero como dijo Chabuca Granda, "la siembra se echó a perder ¡Ah, malhaya!".

@cjaimesb

Yoani Sánchez: El diálogo en Venezuela, desde una mirada cubana

El diálogo en Venezuela, desde una mirada cubana
YOANI SÁNCHEZ
Blog Generación Y. LA Habana, 14 de abril de 2014

El diálogo entre la oposición venezolana y Nicolás Maduro está en pleno desarrollo. Sus críticos son muchos, su perdedor más visible: el gobierno cubano. Para un sistema que en más de medio siglo ha descalificado y reprimido a su disidencia, esa mesa de conversación debe resultar un doloroso reconocimiento de su propia incapacidad.
Los atónitos televidentes cubanos, pudimos ver el pasado jueves un debate entre parte de las fuerzas opositoras en Venezuela y los representantes oficialistas. El polémico encuentro fue transmitido por el canal TeleSur, que se ha caracterizado por su tendencia a respaldar informativamente la labor del chavismo. En esta ocasión, sin embargo, se vio obligado a emitir también las preocupaciones y argumentos de la contraparte.
El requisito de que las cámaras y micrófonos estuvieran presentes en la discusión, ha resultado por sí mismo una magnífica jugada política de los adversarios de Maduro. De esa manera se implica a los espectadores en el diálogo y resulta más difícil publicar versiones tergiversadas a posteriori. Los participantes de ambos bandos contaban con diez minutos de exposición para cada uno, ejercicio de síntesis que el presidente Venezolano, claro está, no pudo lograr.
Para los desinformados cubanos, lo primero que saltó a la vista fue el alto nivel de argumentos que la oposición llevó a la mesa. Cifras, estadísticas y ejemplos concretos quedaron expuestos dentro de un marco de respeto. Al otro día el comentario más repetido en las calles habaneras era la popular frase de “barrieron el piso con Maduro”. Una clara alusión a las apabullantes críticas que le hicieron sus rivales. El oficialismo, sin embargo, se notaba apocado, temeroso y con un discurso plagado de consignas.
Trago amargo sin dudas, ha sido esta mesa de diálogo para quienes hasta unas horas antes acusaban de “fascistas” y “enemigos de la patria” a sus contrincantes políticos. Ya Venezuela no volverá a ser la misma, aunque mañana la mesa de negociaciones termine sin acuerdos y Nicolás Maduro vuelva a tomar el micrófono para repartir insultos a diestra y siniestra. Ha accedido a discutir y eso marca una distancia entre el camino recorrido por la Plaza de la Revolución y este otro que recién comienza para Miraflores.
¿Y en Cuba? ¿Es posible algo así?
Mientras discurría la transmisión del diálogo venezolano, muchos nos preguntábamos si algo similar podría ocurrir en nuestro escenario político. Aunque la prensa oficial muestra estas conversaciones como una señal de fortaleza por parte del chavismo, también ha tomado la suficiente distancia, para que no nos hagamos ilusiones de posibles versiones a la cubana.
Es menos quimérico imaginar a Raúl Castro tomando un avión y escapando del país, que proyectarlo sentado a la mesa con esos a los que llama contrarrevolucionarios. Durante más de cinco décadas, tanto él como su hermano, se han dedicado a satanizar las voces disidentes, de ahí que ahora se vean impedidos de aceptar una conversación con sus críticos. El peligro que entraña la imposibilidad de una negociación, es que apenas deja el camino del derrocamiento con su consiguiente estela de caos y violencia.
Sin embargo, no sólo las figuras principales del régimen cubano se muestran reacias a cualquier mesa de negociación. La mayor parte de la oposición de la Isla no quiere ni escuchar hablar del tema. Ante ese doble rechazo, la agenda de una quimérica reunión tampoco logra ganar cuerpo. Los partidos opositores no acaban de confluir en un proyecto de país que pueda defenderse con coherencia en cualquier negociación y quedar como una alternativa viable. Los miembros de la emergente sociedad civil tenemos razones para sentirnos preocupados por ello. ¿Están preparados los políticos que hoy operan en la ilegalidad para sostener un debate y ser capaz de convencer a la audiencia? ¿Podrán representarnos dignamente llegado el momento?
La respuesta a esta pregunta sólo se sabrá una vez surgida la oportunidad. Hasta ahora la disidencia política cubana se ha concentrado más en derrocar que en elaborar estrategias para fundar, la mayor parte de sus energías ha estado encaminada a oponerse al partido gobernante y no en persuadir a sus potenciales seguidores dentro de la población. Ante las limitaciones para difundir sus programas y las tantas restricciones materiales que padecen, estos grupos no han podido llevar su mensaje a un número significativo de cubanos. No es responsabilidad total de ellos, pero deben estar conscientes de que esas deficiencias los lastran.
Si mañana mismo la mesa para un diálogo estuviera lista, resultaría poco probable que escuchemos un discurso tan bien articulado en la oposición cubana como el logrado por sus colegas venezolanos. Sin embargo, aunque la negociación no se presente ahora como una posibilidad, nadie debe quedar eximido de prepararse para ella. Cuba necesita que ante esos posibles micrófonos estén quienes mejor representen los intereses de la nación, sus preocupaciones, sus sueños. Que puedan hablar por nosotros los ciudadanos, pero que lo hagan –por favor- con coherencia, sin violencia verbal y con argumentos que nos convenzan.